Monday, September 12, 2011

Sirena


Pescábamos.

Hacía frío y casi no había luz, faltaba poco para que amaneciera. Oí un chapoteo. Le pregunté a mi tío, pero él no había escuchado nada.

Me quedé atento y la vi.

Sacó la cabeza de abajo del agua, sonrió. Se sumergió de nuevo y vi el reflejo verdeplateado en la punta de la cola.

Tuve ganas de tirarme al agua, de ir a buscarla.

Nadar detrás, seguirla hasta el fondo del lago.


Tuesday, August 2, 2011

Lugar



Si hubiera habido un hombre que se atreviese a decir todo lo que pensaba de este mundo, no le habría quedado un metro de suelo donde apoyar los pies.

Henry Miller, en Trópico de Cáncer.

Thursday, July 28, 2011

Porcelana


Lo de reírnos y charlar nos gustó a todos, pero lo mejor fue que en un determinado momento ninguno de los tres habló más y todo quedó en silencio. Debemos haber estado así más de diez minutos. Si presto atención, si escucho, si trato de escuchar sin ningún miedo de que la claridad del recuerdo me haga daño, puedo oír con qué nitidez los cubiertos chocaban contra la porcelana de los platos, el ruido de nuestra densa respiración resonando en un aire tan quieto que parecía depositado en un planeta muerto, el sonido lento y opaco del agua viniendo a morir a la playa amarilla.

Juan José Saer, en Sombras sobre un vidrio esmerilado

Conejo


Es más fácil atrapar a un conejo que a un lector.

Gabriel García Márquez

Monday, June 27, 2011

Pastos

A lo lejos, en el pastizal ve cuatro caballos.

Ve un rancho con una ventana enorme, un Cristo en la cruz, cinco personas que parecen buscarlo.

Y ve, después, sólo pastos, fantasmagóricos, moviéndose de un lado al otro.

Wednesday, June 22, 2011

¡Guarda, rati!

(foto de Robert Doisneau)

Friday, June 17, 2011

Lo único que importa


En países donde la dignidad humana no es transgredida tan fácilmente, los poetas, obviamente, quieren ser publicados, leídos y entendidos, pero ya no hacen nada o casi nada en su vida cotidiana para destacar entre la gente. Sin embargo, hace poco, en las primeras décadas de nuestro siglo, a los poetas les gustaba escandalizar con su ropa extravagante y con un comportamiento excéntrico. Aquellos no eran más que espectáculos para el público, ya que siempre tenía que llegar el momento en que el poeta cerraba la puerta, se quitaba toda esa parafernalia: capas y oropeles, y se detenía en el silencio, en espera de sí mismo frente a una hoja de papel en blanco, que en el fondo es lo único que importa.

La poetisa polaca Wislawa Szymborska, en su discurso al aceptar el Nóbel de literatura (1996).