Es como armar un rompecabezas.
Todo está quieto.
El rodillo deja la marca.
Cae una gota de pintura; en el suelo. O sobre el diario viejo.
Y si hablás, retumba.
Monday, August 10, 2009
Thursday, August 6, 2009
Hoy
A nuestro lado, una pareja se besaba como si alguno de los dos fuera a morir al rato.
Noche para el negro Griffiths, Abelardo Castillo
Noche para el negro Griffiths, Abelardo Castillo
Saturday, August 1, 2009
Escribir

Leer un libro y no poder concentrarme en la historia. Leer y darme cuenta de que desde hace un párrafo no sé qué estoy leyendo. Es pensar, todo el tiempo, en otra cosa. En otra cosa de la que estoy pensando. Sentir que falta algo. No darse cuenta de qué es eso que falta.
Es caer por un hueco, muy despacio. Un hueco de paredes altas. Las paredes pasan en cámara lenta. En las paredes del hueco hay letras, cosas escritas; parecen cartas. A medida que caigo, se ponen borrosas. Me cuesta leerlas. En algunas hay números, ecuaciones o algo así. Trato de acercarme, pero me acerco y la pared se aleja. Quiero leer, pero la letra es muy chica. Caigo. Caigo despacio.
Entonces, para salir del hueco, me pongo a escribir. Dejo de caer.
No subo, pero me mantengo ahí.
En el lugar.
Aunque sea por un rato.
Es caer por un hueco, muy despacio. Un hueco de paredes altas. Las paredes pasan en cámara lenta. En las paredes del hueco hay letras, cosas escritas; parecen cartas. A medida que caigo, se ponen borrosas. Me cuesta leerlas. En algunas hay números, ecuaciones o algo así. Trato de acercarme, pero me acerco y la pared se aleja. Quiero leer, pero la letra es muy chica. Caigo. Caigo despacio.
Entonces, para salir del hueco, me pongo a escribir. Dejo de caer.
No subo, pero me mantengo ahí.
En el lugar.
Aunque sea por un rato.
Wednesday, July 22, 2009
Tuesday, July 21, 2009
Hoy
Hace poco leí que unos médicos descubrieron la zona del cerebro donde uno inventa los recuerdos. No sé si era en el cerebelo o dónde. Creo que el lugar de la zona no es importante, lo importante es que si hay zona donde pasa: pasa.
Me doy cuenta de que elijo los recuerdos. Trato de borrar algunos. Suelo descartar los amargos, tristes, con sabor a acidez y a bola de angustia en la garganta. Elijo los otros, los empalagosos: los de música suavecita y café dulce, tan dulce que repulsa.
Recuerdos inventé siempre. Lo supe de chico. No sé en qué contexto, alguien me dijo que no, que el colchón no lo habíamos comprado al lado del consultorio de mamá. (Si pongo "mamá" parece que el narrador tuviera, por lo menos, cuarenta y cinco años. Si pongo "mi mamá" parece que, como mucho, tuviera quince. Elijo en función de cómo suena). Me acuerdo de haber comprado el colchón al lado del consultorio de mamá. Me acuerdo cuando lo llevamos por la calle, lo incómodo que era. No pasó. Pero me acuerdo. Me acuerdo de que era amarillo, tenía una bolsa que lo cubría, olor raro, como a goma. No pasó. Bueno, no pasó, pero me acuerdo que lo doblamos y lo subimos al auto y ahí entro en una nebulosa. El recuerdo no sigue. Debo haber inventado hasta ahí, pienso. Y pienso que es terrible. Es terrible recordar algo que no fue, convencerte y, lo peor, que el conformismo te baste y decidas no hacer más nada. Quedarte quieto en un sillón, recordando algo que, seguramente, podría haber sucedido.
Subscribe to:
Posts (Atom)
