Monday, June 27, 2011

Pastos

A lo lejos, en el pastizal ve cuatro caballos.

Ve un rancho con una ventana enorme, un Cristo en la cruz, cinco personas que parecen buscarlo.

Y ve, después, sólo pastos, fantasmagóricos, moviéndose de un lado al otro.

Wednesday, June 22, 2011

Friday, June 17, 2011

Lo único que importa


En países donde la dignidad humana no es transgredida tan fácilmente, los poetas, obviamente, quieren ser publicados, leídos y entendidos, pero ya no hacen nada o casi nada en su vida cotidiana para destacar entre la gente. Sin embargo, hace poco, en las primeras décadas de nuestro siglo, a los poetas les gustaba escandalizar con su ropa extravagante y con un comportamiento excéntrico. Aquellos no eran más que espectáculos para el público, ya que siempre tenía que llegar el momento en que el poeta cerraba la puerta, se quitaba toda esa parafernalia: capas y oropeles, y se detenía en el silencio, en espera de sí mismo frente a una hoja de papel en blanco, que en el fondo es lo único que importa.

La poetisa polaca Wislawa Szymborska, en su discurso al aceptar el Nóbel de literatura (1996).

Apoyarse en la oscuridad


La gente se imagina al ciego encerrado en un mundo negro.

Hay un verso de Shakespeare que justificaría esa opinión: “Looking on darkness which the blind do see”; “mirando la oscuridad que ven los ciegos”. Si entendemos negrura por oscuridad, el verso de Shakespeare es falso.

Uno de los colores que los ciegos (o en todo caso este ciego) extrañan es el negro; otro, el rojo. “Le rouge et le noir” son los colores que nos faltan. A mí, que tenía la costumbre de dormir en plena oscuridad, me molestó durante mucho tiempo tener que dormir en este mundo de neblina;
de neblina verdosa o azulada y vagamente luminosa que es el mundo del ciego.

Hubiera querido reclinarme en la oscuridad, apoyarme en la oscuridad.

Borges, en una conferencia en el teatro Coliseo, agosto de 1977 .

Tuesday, June 14, 2011

Si me necesita

¿Le es a usted necesaria mi vida? Si me necesita, sea para lo que fuere..., dígamelo, que yo, entretanto, no me muevo de mi habitación, por lo menos la mayor parte del día, y ninguna parte voy. Si le fuera necesario..., escríbame o llámeme.

Dostoievski, en El jugador

Thursday, June 2, 2011

Nada

¿Quién es esa gente para juzgar mi crimen? ¿Qué podría decirles -respondió dulcemente Raskolnikof-. Su autoridad es pura ilusión. Matan a miles de hombres y lo consideran un mérito. Son unos estafadores, unos cobardes. (...) No comprenderían nada, Sonia, absolutamente nada.

Dostoievski, en Crimen y castigo.