Monday, October 25, 2010

El miedo no es igual


El miedo: el miedo no es igual. El miedo cambia.

Hay miedos y miedos.

Una cosa es el miedo a algo a una patrulla que te puede cruzar, a una bala perdida, y otra distinta es el miedo de siempre, que está ahí, atrás de todo.

Vas con ese miedo, natural, constante, repechando la cuesta, medio ahogado, sin aire, cargado de bidones y de bolsas y se aparece una patrulla, y encima del miedo que traés aparece otro miedo, un miedo fuerte pero chico, como un clavito que te entró en el medio de la lastimadura.

Hay dos miedos: el miedo a algo, y el miedo al miedo, ese que siempre llevás y que nunca vas a poder sacarte desde el momento en que empezó.

Despertarse con miedo y pensar que después vas a tener más miedo, es miedo doble: uno carga su miedo y espera que venga el otro, el del momento, para darse el gusto de sentir un alivio cuando ese miedo chico a un bombardeo, a una patrulla pase, porque esos siempre pasan, y el otro miedo, no, nunca pasa, se queda.


Fogwil, en Los pichiciegos

Saturday, October 23, 2010

Hoy


Empiezo a caminar. El viento me trae el grito de una sirena.

J. P. Sartre, La Nausea


(Pintura de Eric Zener),

Monday, October 11, 2010

Wednesday, October 6, 2010

Llueve


Empieza a llover. Las primeras gotas caen espaciadas, veloces; golpean intempestuosamente las hojas y caen al suelo con un largo suspiro, como aliviadas de una insoportable incertidumbre. Son grandes como postas, calientes, como si hubiesen sido disparadas por una escopeta; golpean el farol con un siseo agorero. Padre levanta la cara; tiene la boca abierta; un cerco húmedo y negro de tabaco está empastado a lo largo de la base de sus encías; desde el fondo del asombro que expresa su boca abierta le nacen, como fuera del tiempo, cavilaciones sobre esta última afrenta. Cash mira ahora al cielo, luego al farol. La sierra no se ha parado, no ha roto el resplandor andante de sus dientes, que se mueven como a impulso de un émbolo.

Traiga algo para tapar el farol dice.

Padre se dirige a la casa. La lluvia cae de golpe, sin que truene, sin aviso de ninguna clase. Corre hacia el porche. En un instante Cash queda empapado. Sin embargo, el movimiento de la sierra no ha cesado, como si la sierra y el brazo funcionasen con la tranquila convicción de que la lluvia fuera sólo una ilusión del entendimiento.

William Faulkner, en Mientras agonizo.