Monday, December 28, 2009

Pequeño mundillo literario


Fogwill dice que la carrera del escritor es una carrera de fracaso. Porque a medida que el escritor tiene éxito, fracasa en cuanto productor de sí mismo.

En general las cosas que dice Fogwill no me resultan interesantes. En lo más mínimo. Creo que la mitad de las cosas las dice para irritar a alguien o en contra de algún otro. No me parece un pensador que tenga una profundidad verdadera. Un día dice algo, al día siguiente dice lo contrario. No, Fogwill, no me interesa.

¿Y en cuánto a su literatura?

Bueno, creo que tiene algunos cuentos interesantes. Pero que está muy por debajo de lo que su fama provocadora ha logrado. Como escritor está muy por debajo de lo que ha logrado gracias al pequeño mundillo literario que festeja cada una de sus pequeñas provocaciones.


Guillermo Martínez, en declaraciones exclusivas a medespertoungemido.

Sunday, December 27, 2009

Covers

Fui a ver una banda de rock, que hacía temas de otras bandas de rock que se hicieron famosas por cómo tocaban esos temas.

Sentí lo mismo que sentiría si algún escritor reversionara una novela de Dumas o de Faulkner, con las mismas palabras, pero cambiando los puntos y las comas de lugar.

Saturday, December 26, 2009

Navidad


Tal vez lo más siniestro de estas Navidades de consumo sea la estética miserable que trajeron consigo: esas tarjetas postales indigentes, esas ristras de foquitos de colores, esas campanitas de vidrio, esas coronas de muérdago colgadas en el umbral, esas canciones de retrasados mentales que son los villancicos traducidos del inglés; y tantas otras estupideces gloriosas para las cuales ni siquiera valía la pena de haber inventado la electricidad.

Todo eso, en torno a la fiesta más espantosa del año. Una noche infernal en que los niños no pueden dormir con la casa llena de borrachos que se equivocan de puerta buscando dónde desaguar, o persiguiendo a la esposa de otro que acaso tuvo la buena suerte de quedarse dormido en la sala. Mentira: no es una noche de paz y de amor, sino todo lo contrario. Es la ocasión solemne de la gente que no se quiere. La oportunidad providencial de salir por fin de los compromisos aplazados por indeseables: la invitación al pobre ciego que nadie invita, a la prima Isabel que se quedó viuda hace quince años, a la abuela paralítica que nadie se atreve a mostrar. Es la alegría por decreto, el cariño por lástima, el momento de regalar porque nos regalan, o para que nos regalen, y de llorar en público sin dar explicaciones. Es la hora feliz de que los invitados se beban todo lo que sobró de la Navidad anterior: la crema de menta, el licor de chocolate, el vino de plátano. No es raro, como sucede a menudo, que la fiesta termine a tiros. Ni es raro tampoco que los niños (viendo tantas cosas atroces) terminen por creer de veras que el niño Jesús no nació en Belén, sino en Estados Unidos.


Fragmento de "Navidades siniestras".
Gabriel García Márquez en El País, 24 de Diciembre de 1980.

Tuesday, December 22, 2009

Póker

"Narrar es como jugar al póker, todo el secreto consiste en parecer mentiroso cuando se está diciendo la verdad", dice Piglia que dice uno de sus personajes.

Monday, December 14, 2009

Abuela

La abuela no sabe jugar al truco. Juega a la básica. Los puntos los suma con porotos. Los rojos que son los más grandes valen uno. Los blancos, diez. Tiene montones de porotos. Algunos están sin la cáscara, porque hace un montón que los tiene. También sabe jugar al chin chón, que es más divertido que la básica. La básica es como la escoba de quince, pero con más cosas.

Los miércoles la abuela viene a casa. Temprano. Cuando me despierto, oigo su voz. Está en la cocina, habla con mamá y lo que dicen sale por la ventana de la cocina y entra por la de mi pieza. Siempre trae pescado. Algunos días también hace huevo frito, o papas fritas en esa sarten chiquita, que ya está negra de tanto que la usó.

En casa nunca jugamos a la básica. Porque yo siempre tengo los juguetes y los libros. Los fines de semana voy a la casa de ella. A veces, algún domingo, me quedo a dormir. Y ahí sí. A la tarde, cuando cae el sol, después de que ella baldea y prepara la cena, jugamos a la básica, o al chin chón, que es más divertido, con un tango de fondo, la estampita de Gardel sobre la mesada, y la sensación de que ella está contenta porque la vine a visitar.

Wednesday, December 9, 2009

Tiempo


Cuánto. No importa. Ella nada; disfruta de nadar. Y cuando nada, establece un vínculo con el agua que no se restringe a la relación cuerpo sustancia sino que abarca al tiempo, lo desmenuza, lo hace líquido y, de a poco, lo incorpora al recorrido.

Friday, December 4, 2009

Parientes

"A algunos espectadores les encanta quedarse en sus butacas a leer todos los nombres de los créditos. ¿Estarán buscando a un pariente?".



Francis Ford Coppola, en Esquire.

Thursday, December 3, 2009

La vena, la arritmia, el Caribe

Esto no te va a dormir. Relajate, dice la mujer de rulos y pelo colorado mientras me acaricia el brazo izquierdo y busca, con el dedo índice, el mejor lugar para clavarme la aguja.

Me molesta que haga eso, que me revise la vena.

Respiro hondo y siento el pinchazo y no, no me duerme, pero ahora tampoco me molesta la vena.

Vamos de paseo, dice y mueve la camilla. Estoy boca arriba, tapado con una manta y veo el techo del hospital, los focos de luz. Pienso que estoy en un capítulo de Doctor House. Me río. Me da un poco de vergûenza, porque me río en voz alta.

No me doy cuenta de que estoy drogado.

Entramos al quirófano. Suena música de telo. Pienso: ésta es música de telo. Me vuelvo a reír.

Soy el encargado de la anestesia, dice el gordo, con bigotes, que se encarga de la anestesia. ¿Cuánto medís y cuánto pesás? Y mientras una mujer me dice que no me asuste, esto es oxígeno, y me mete en la nariz dos tubitos: siento aire y digo que uno setenta y dos, aproximadamente sesenta kilos, aunque sé que él ya lo sabe, me lo preguntaron en la consulta previa sin pesarme ni medirme, así que no debe ser importante aunque el dato sirva para medir cuánta anestesia poner.

Y el gordo me pregunta si tengo problemas de alergia. Digo que no. La enfermera me pone en el dedo gordo de la mano izquierda una especie de broche y empiezo a sentir el pip, pip, pip, que indica que todavía estoy vivo. ¿Y problemas cardíacos, además de esta arritmia? Y trato de decirle que nunca me habían dicho que tenía una arritmia, pero me cuesta hablar con estos tubitos de mierda en la nariz. No te asustes. Es normal. No es algo patológico. Bueno. El gordo me cae bien. ¿Podemos empezar?, le dice al otro. Al pelado, y el pelado asiente con la cabeza.

El gordo se acerca con una jeringa enorme, llena de líquido blanco y, sonriendo, me pregunta si tengo ganas de ir al Caribe. Y pienso en el Caribe y después le digo que sí, claro.

Dale. Respirá hondo.

Y respiro y veo que él aprieta la jeringa y siento un frío, delicioso, que sube hasta llenarme los pulmones.

Wednesday, November 25, 2009

Hoy

Me aburrí de escribir.

Dije, voy a cerrar el blog.

O, en realidad, pensé, voy a dejarlo así. Y listo.

Subí la escalera de casa, la que lleva al dormitorio, hasta el entrepiso y me asomé a la baranda. Pensé en saltar y mover los brazos rápido como hacen las libélulas, para levantar vuelo, pero el techo sólo mide cuatro metros y me iba a costar no chocar con el globo de la lámpara.

Salí al patio. Miré hacia arriba. El cielo no estaba nublado y las glicinas de la vecina aún no habían florecido. Me dije: ¿Y si salto y subo, subo, subo hasta chocar con la cabeza contra algo? Pero me dio miedo llegar demasiado alto. Y volví a entrar.

Fui al botiquín. Vi el tarrito de vidrio marrón con las pastillas de dormir. Pensé en tomármelas todas, de golpe, así dormía por lo menos una semana. Iba a soñar un montón. Y a mí, me encanta soñar. Pero a veces los sueños dan miedo y yo no quería tener miedo.

Y me aburrí de aburrirme.

Y vine acá.

Ahora, escribo.

Tuesday, November 17, 2009

Sentido crítico

¿Sabe qué es lo peor de la literatura?, dijo Don Pancracio. Lo sabía, pero hice como que no. ¿Qué?, dije. Que uno acaba haciéndose amigo de los literatos. Y la amistad, aunque es un tesoro, acaba con el sentido crítico.

Hugo Montero, tomándose una cerveza en el bar La mala senda, calle Pensador Mexicano, México DF, mayo de 1982.

Wednesday, November 11, 2009

Hoy

Me despertó el timbre. Sonó varias veces. Decidí que no iba a atender. Insistían; cada vez los timbrazos eran más fuertes. Pregunté quién era.

-- ¿Señor X?
-- No.
-- ¿Ahí vive el señor X?
-- No.

Era la policía con una orden de allanamiento.

-- ¿Puede venir a la puerta, por favor, señor?

-- Espere que me cambie.

Me puse el pantalón corto, zapatillas sin las medias, y fui a abrir. En la puerta me esperaba un policía gordito, con dientes hacia afuera. A los costados, otros dos policías y dos tipos con pinta de no haber comido en las últimas semanas; al menos, si habían comido, les habría costado conseguir la comida. Son los testigos, dijo el gordito y vi que uno de los dos llevaba una bolsa de supermercado, debería venir de hacer las compras. Estamos buscando a esta persona, dijo el gordito y me mostró una orden judicial donde leí el nombre de X y la palabra “detención”. “A la mierda”, dije y el gordito se rió.

--¿Podemos entrar?

Pensé que debía haber un argumento para impedir que entraran, pero miré el papel, la dirección era la mía, y no supe cuál era ese argumento.

--Pasen --dije.

Adelante fue el gordito, detrás yo y luego los dos tipos, uno con una bolsa de supermercado.

Friday, November 6, 2009

División

De este lado, los que usamos pañuelo de tela.

De allá, ustedes.

Thursday, November 5, 2009

prosa

"El niño se llamaba Lorenzo, creo, no estoy seguro, y he olvidado su apellido, pero más de uno lo recordará, y le gustaba jugar y subirse a los árboles y a los postes de alta tensión. Un día se subió a uno de estos postes y recibió una descarga tan fuerte que perdió los dos brazos. Se los tuvieron que amputar casi hasta la altura de los hombros. Así que Lorenzo creció en Chile y sin brazos , lo que de por sí hacía su situación bastante desventajosa, pero encima creció en el Chile de Pinochet, lo que convertía cualquier situación desventajosa en desesperada, pero esto no era todo, pues pronto descubrió que era homosexual, lo que convertía la situación desesperada en inconcebible e inenarrable".

En Estrella distante, Roberto Bolaño

Tuesday, November 3, 2009

Otras letras



Bajo la lluvia, las lágrimas se sienten tibias.

Wednesday, October 28, 2009

Selva


Yo respiro la selva, no la ves pero yo la respiro
y voy sujeto al humo de su cuerpo.
El vapor de sus nombres sube por las cañerías de esta ciudad vieja.
Y respiro su sangre. Aspiro la arboleda y es de un trago, con borbotones, pelos de animal y cáscara de fruta descompuesta.
Cosas que fueron otras se deshacen en el plateado de la noche.
Son estrellas podridas que acunan con aullidos, con un filo vidrioso y una piedra que duele a cualquier tacto.
Vivo en esa caverna sin paredes.
Entre sus inscripciones lo enmarañado tiene rostro y los perfumes gozan de su fugacidad eterna.

También en la noche de cemento te respiro.
Agua insolente cruza debajo de mi almohada.

Jorge Boccanera. Palma Real.

Tuesday, October 27, 2009

Crítico

—“Hoy, cuando cruzaba la vía, vi“. ¿Todos los días cruzás la vía?

— No.

— ¿Y entonces porqué no “Hoy crucé la vía y vi”?

— No quise destacar que cruzaba la vía, sólo lo comentaba para situar al lector y que supiera dónde había visto yo al chico que tenía el palo.

— ¿El chico estaba de pie?

— No. Estaba sentado sobre esos caños que ponen al lado de la vía para que los peatones tengan que atravesar en zig zag y no pasen corriendo.

— ¿Y, entonces, por qué no ubicaste al chico sentado ahí?

— Sabés por qué.

— Claro que sé, yo lo escribí. Pero se trata de un diálogo crítico. No vas a pretender censurarte (me).

— No sabía cómo se llaman esos caños y habría quedado confuso. No era importante si el chico estaba sentado o de pie, sino que tenía un palo y en la punta del palo había una cotorra.

— Había una cotorra...

— ¿Qué tiene?

Habemus papam. La cotorra estaba posada en la punta del palo. Se había detenido ahí o alguien la había puesto, no “había”, como “había una vez”.

— Es una convención de lenguaje. Acepto la búsqueda de la precisión, pero tampoco podemos escarbar hasta que las palabras, de tanto repetirlas, suenen absurdas. Por otro lado, al verla, yo sólo sé que está ahí, desconozco si minutos antes se había posado allí o alguien la había puesto.

— Una cotorra “normal”. ¿Me definirías los parámetros de normalidad de las cotorras?

— Sabés de qué estoy hablando por que vos escribiste eso. Usé (usamos) la palabra “normal” para, luego, oponer el hecho de que estaba teñida de amarillo. Además, definí (definimos) los parámetros de normalidad: “como las que se juntan de a montones en las palmeras de la plaza central de San Martín”. Ésas, porque nosotros lo quisimos arbitrariamente, son las normales.

— ¿Cómo estarían las plumas húmedas sino pegadas al cuerpo? ¿Flotando alrededor del animal?

— Sos (soy) un ser despreciable. ¿Cómo describirías al animal todo mojado de pintura amarilla?

— Los ojos entrecerrados. Gotas amarillas le caían de las plumas de la cola.

— No me convence.

— Da igual. Ponés “sufría”. Ahí hay un claro salto del punto de vista. No sabés si el animal sufría o no porque no sos el animal. Debiste escribir “parecía sufrir”.

— Basta.

— El final no está mal. Pero yo lo habría terminado de otra forma.

— ¿Sabés qué es lo bueno de autocriticar un texto y ser el que tipea? Que cuando uno (vos) se pone demasiado insoportable, el otro (yo) puede ignorarlo y no transcribir ni una palabra más.
Decí lo que quieras. Y escuchá el silencio.

Thursday, October 22, 2009

Conurbano

Hoy, cuando cruzaba la vía, vi a un chico que tenía un palo. En la punta del palo había una cotorra.

Una cotorra normal, como las que se juntan de a montones en las palmeras de la plaza central de San Martín, sólo que teñida de amarillo.

Los ojos entrecerrados, las plumas húmedas pegadas al cuerpo. Sufría.

Quizás, fue eso lo que me puso triste.

O el chico, que estaba vendiendo la cotorra.

Wednesday, October 21, 2009

Ella

La he visto, en el medio de un parcial, los ojos bien abiertos fijos en un punto de la hoja, la lapicera yendo y viniendo de un lado para otro; los músculos de la mano tensos. Hasta que en un momento, ponía cara de dolor, soltaba la lapicera sobre el pupitre y hacía movimientos para descansar la mano. Después, de vuelta a la hoja, y a la media hora cuando todos estábamos tratando de acordarnos eso que nunca habíamos sabido, ella se levantaba, entregaba las hojas y recién ahí le volvía el color a la cara; y sonreía.

Hoy, llueve


Monday, October 19, 2009

Arte

Cuando el
espíritu
se desvanece
Aparece
la forma.


C. Bukowski

Hoy

"Te transformaste en mi pesadilla, pero lograste hacerme soñar".


Falopa

Wednesday, October 7, 2009

Moral



Algunos miran con desprecio.
Otros manipulan, son infieles,
marean a los ciegos.

Me da miedo mirar las estrellas durante un rato largo.

Monday, October 5, 2009

Sunday, September 27, 2009

Poeta

Muerte
no me asustas.
Estás en mí
desde principio virginal.

Cuando te decidas
quizás
me encuentres cruzado
de espaldas
frente al sol
con una estrella rota en cada mano.

Me convertirás en astronauta
sin casco
ni zapatos de plomo.

Transitaré astros.

Amaré silencios del espacio.

Muerte
no me asustas
no te busco
cuando te decidas.

José Campus (26/1/1930-25/9/2009)

Wednesday, September 16, 2009

Espacio en blanco

(Para tratar de que el lector no compare el poema anterior con lo que venga a continuación: sea lo que fuere)

Bukowski

Alguna gente es joven y nada más
alguna gente es vieja y nada más.
Y alguna gente está en el medio
sólo en el medio.
Y si las moscas usaran ropa
y todos los edificios ardieran
en fuego dorado,
si el cielo se sacudiera como
en la danza del vientre
y todas las bombas atómicas empezaran a
gritar,
alguna gente sería joven y nada más
y alguna gente sería vieja y nada más
y el resto sería lo mismo,
el resto sería lo mismo.
Los pocos diferentes
son eliminados bastante rápido
por la policía, por sus madres, sus
hermanos, y otros
por sí mismos.
Lo que queda es lo que
ves
es duro.

Saturday, September 12, 2009

Wednesday, September 9, 2009

Tratan de salir



(este blog no le gusta ni a los peces)

Friday, September 4, 2009

Hoy

"Cuando el deseo puede ser satisfecho, no hay ningún mal en prolongarlo. Esto no lo dijo William Blake. Lo digo yo ahora".

Mario Levrero, en Dejen todo en mis manos

Viento en la cara


Tuesday, September 1, 2009

Las cosas



Estábamos en la cocina, mi tía lloraba. No sé si yo estaba sentado y ella parada. O yo contra la pared y ella en uno de los bancos de madera que nos había regalado la abuela unos años atrás.

Los días siguientes a la muerte (de otro) son días confusos. Son días en los que aceptamos nuestra vulnerabilidad. Días en los que nos prometemos vivir con la consciencia de no ser eternos. Aunque la consciencia dura poco, a lo sumo un par de semanas: después, volvemos a la rutina.

— ¿Cuándo te lo dijo? —preguntó mi tía, exaltada, como si yo hubiese descubierto un eslabón clave en una investigación abandonada por falta de pruebas.

— Me lo dijo. No sé. Hace dos o tres semanas.

Creo que una de las cosas más dolorosas de la muerte de un familiar es la evidencia de que pudimos haber actuado diferente. Y no lo hicimos.

Lamentamos no haber aceptado una invitación a pescar, a pesar de la tormenta. Nos sentimos mal por no haber tenido ganas de hablar, aquel día, a pesar de la borrachera y de las veinticinco horas sin sueño. Por vivir sin la consciencia de que en un momento todo se acaba.

— ¿Y cómo fue que te lo dijo?

— ¿Cómo cómo fue? Nada. Estábamos hablando y... —. En ese momento, percibo el valor que, para mi tía, puede tener esa frase. Quizás mi abuela sabía lo importante que podía ser que ella dijera eso semanas antes de morirse. No hay síntomas previos a los accidentes cerebro vasculares. ¿Sabría ella lo que iba a pasarle? Quizás lo presintió. El punto fue que lo dijo.

Y mi tía llama a mi mamá. Y le dice que le cuente. Y yo le cuento. Le digo que era una charla de cualquier cosa, estábamos hablando, a la tarde, el sol entraba por la ventana, era una charla más y ella dijo: ¿para qué más años? Y veo que la cara de mi mamá se va transformando, igual que la de mi tía antes. A medida que digo que mi abuela dijo: con los que viví estuvo bien. Yo estoy satisfecha con mi vida.

A mi mamá, que hasta ese momento no lloraba, se le iluminan los ojos, mi tía se tapa la cara con las dos manos. Mi mamá sonríe. Mi tía dice: murió en paz. Se quedan las dos calladas.

Yo me pregunto en qué cambian las cosas.

Rueda


Tuesday, August 25, 2009

Rincón

Pintar es como escribir una nota.

Llega un momento en el que decís basta, te aburrís, y dejás de corregir.

El rincón de arriba a la derecha no quedó bien.

¿Quién lee sus notas después de publicadas?

Nadie va a editar ese rincón.

Monday, August 24, 2009

Wednesday, August 19, 2009

Hoy


"Descansaba en su cama, un poco levantada con almohadas, la cabeza hacia adelante, como si estuviese dormida. Cierro los ojos, dijo, me gusta cerrar los ojos y pensar. Pero no duermo. Si durmiese ahora, no dormiría por la noche (...).

Estoy conforme con la vida que he tenido. ¿Por qué no salen a dar un paseo?

Katya permaneció junto a ella.

Cuando se es muy viejo, le dijo a Katya como una confidencia,hay algo muy difícil, muy difícil; es muy difícil persuadir a los demás de que uno es feliz".


Fragmento de Madre, de John Berger

Monday, August 17, 2009

Kiosco



La miro. No quedan dudas. Tengo que hacerlo. No sé cómo se le da un beso en la boca a una mujer, pero supongo que será igual que cuando saludo a una tía, o a una vecina del barrio, sólo que corriendo un poco la cara. Le tengo que dar un beso. Seguro le gusta. Si no, no me habría invitado a su casa. Seguro se va a quedar quieta, como sorprendida, y después va a sonreír. Sólo un beso. Un beso en la boca.

Tengo siete años y estoy en la casa de la chica más linda del grado. Estamos viendo una revista Billiken. En la foto de tapa está ella, sentada en un banco de escuela, mirando a la cámara, con una cartuchera en la mano: sonríe. Me explica que su papá conoce a uno de los jefes de la revista y que por eso la eligieron. Yo creo que la eligieron porque es linda. Ella sigue hablando, no sé de qué, sólo pienso en cómo me sentiría si me animo. ¿Le digo algo antes? ¿O le doy un beso y listo?

—¿Tenés hambre? —dice—.Vení, vamos a la cocina —. La sigo.

La casa es grande. Los techos son altos y el piso de la cocina tiene baldosas cuadradas, negras y blancas. No me animo. Me sirve Coca Cola en un vaso de vidrio. ¿Por qué me habrá invitado a mí? Un poco debo gustarle. Cierra la botella y la guarda en la heladera.

—¿Qué hacemos? —me pregunta— ¿A qué querés jugar?

Le digo que no sé, porque no me decido a tirármele encima, así, de golpe, sin pensar.

— ¿Querés que vayamos al kiosco de la vuelta a comprar a golosinas?

Y yo digo que sí, claro, y prometo, con toda la fuerza que tengo, que al volver, apenas nos hayamos sentado en el piso de su dormitorio, mientras estemos comiendo el chocolate, me voy a animar.

Thursday, August 13, 2009

Tres letras (vocales)



Escribir sin tener más que tres letras era dificil. Más que difícil: sentías tizas que pegaban cerca, flechas que se clavaban enfrente; miles de estrellas que se te caían encima. Triste escena.

Es inimaginable, dijiste.

Debería ser más inteligente, pensaste.

Necesitaría, de mínima, siete pasantes que me alivianaran la tarea.

Irrealizable.

¡Denme más letras!, gritaste.

¡Más letras, imbéciles!, reclamaste.
Sentías caer las lágrimas.

Te arrepentiste. Exigiste piedad.
Respirabas frenéticamente.

Inspirabas-exhalabas.

Inspirabas-exhalabas.

Hasta que, lentamente, te tranquilizaste.

Tratabas de frenar la rabia.

Dejaste pasar tres días. Miraste la tele, te reíste excesivamente de chistes sin gracia, sentiste quejas de féminas insatisfechas que lavaban la vajilla sin que nadie las asistiera. Temiste ser incapaz de escribir así: sin más que tres letras.

Te deprimiste.

Pensaste en dejar de vivir.

La exigencia iba a matarte.

¿Qué podrías hacer?

Quizás, dijiste de repente, si intentase, dejaría de ser inaccesible.

Probaste. Y perdiste, en ese instante.

Monday, August 10, 2009

Pintar

Es como armar un rompecabezas.

Todo está quieto.

El rodillo deja la marca.

Cae una gota de pintura; en el suelo. O sobre el diario viejo.

Y si hablás, retumba.

Ave


Thursday, August 6, 2009

Hoy

A nuestro lado, una pareja se besaba como si alguno de los dos fuera a morir al rato.

Noche para el negro Griffiths, Abelardo Castillo

Saturday, August 1, 2009

Escribir




Leer un libro y no poder concentrarme en la historia. Leer y darme cuenta de que desde hace un párrafo no sé qué estoy leyendo. Es pensar, todo el tiempo, en otra cosa. En otra cosa de la que estoy pensando. Sentir que falta algo. No darse cuenta de qué es eso que falta.

Es caer por un hueco, muy despacio. Un hueco de paredes altas. Las paredes pasan en cámara lenta. En las paredes del hueco hay letras, cosas escritas; parecen cartas. A medida que caigo, se ponen borrosas. Me cuesta leerlas. En algunas hay números, ecuaciones o algo así. Trato de acercarme, pero me acerco y la pared se aleja. Quiero leer, pero la letra es muy chica. Caigo. Caigo despacio.

Entonces, para salir del hueco, me pongo a escribir. Dejo de caer.

No subo, pero me mantengo ahí.

En el lugar.

Aunque sea por un rato.

Wednesday, July 22, 2009

Verdad II

Este blog está en plena decadencia.

Verdad

Si Julio Bazán escribiera poemas, publicaría por Dunken.

Él lo sabe.

Tuesday, July 21, 2009

Hoy

Hace poco leí que unos médicos descubrieron la zona del cerebro donde uno inventa los recuerdos. No sé si era en el cerebelo o dónde. Creo que el lugar de la zona no es importante, lo importante es que si hay zona donde pasa: pasa.

Me doy cuenta de que elijo los recuerdos. Trato de borrar algunos. Suelo descartar los amargos, tristes, con sabor a acidez y a bola de angustia en la garganta. Elijo los otros, los empalagosos: los de música suavecita y café dulce, tan dulce que repulsa.

Recuerdos inventé siempre. Lo supe de chico. No sé en qué contexto, alguien me dijo que no, que el colchón no lo habíamos comprado al lado del consultorio de mamá. (Si pongo "mamá" parece que el narrador tuviera, por lo menos, cuarenta y cinco años. Si pongo "mi mamá" parece que, como mucho, tuviera quince. Elijo en función de cómo suena). Me acuerdo de haber comprado el colchón al lado del consultorio de mamá. Me acuerdo cuando lo llevamos por la calle, lo incómodo que era. No pasó. Pero me acuerdo. Me acuerdo de que era amarillo, tenía una bolsa que lo cubría, olor raro, como a goma. No pasó. Bueno, no pasó, pero me acuerdo que lo doblamos y lo subimos al auto y ahí entro en una nebulosa. El recuerdo no sigue. Debo haber inventado hasta ahí, pienso. Y pienso que es terrible. Es terrible recordar algo que no fue, convencerte y, lo peor, que el conformismo te baste y decidas no hacer más nada. Quedarte quieto en un sillón, recordando algo que, seguramente, podría haber sucedido.

Monday, July 13, 2009

Agotado



"A pesar de lo prolífico del autor, salvo contadas excepciones, libros reeditados o de la última etapa, si uno va a una librería argentina y pide por Fogwill lo más probable es no que no encuentre nada. Fogwill además de ser un escritor de culto es, sin referirse a un estado de cansancio ni a una devastadora ausencia de ideas, un escritor agotado".

Friday, July 10, 2009

Hospital

Por Juan José Panno

Una médica joven, bonita, mulatona, responde mi pregunta abriendo los labios carnosos: “Infarto, lo que tiene es un infarto”.

“Quédese tranquilo”, me dicen una y otra vez. Yo, dentro de toda mi inconsciencia, estoy tranquilo. “No se duerma”, me dicen una y otra vez. Yo tengo sueño. Hago fuerza para no dormirme, pero me entrego. No veo la luz como Víctor Sueiro, pero recuerdo ese sueñito (fueron segundos, seguramente) como placentero. Muy placentero. Cuando despierto me hacen algunas preguntas de rutina, que la diabetes, que las enfermedades anteriores y todo esto hasta que llegamos, por fin, al corazón de esta historia. Una chica de unos 25 años me anuncia que me va a hacer algunas preguntas raras. Me entrego al interrogatorio, mientras veo, espantado, unas marcas en el pecho y descubro que me habían puesto las planchitas esas que producen un shock cardíaco. Fue después del sueño placentero, claro. Mientras sigo con la vista clavada en las marquitas, en ese mismísimo momento, se inicia el interrogatorio.

¿Tiene televisor?
Sí.
¿Cuántos?
Uno
¿Con cable?
Sí.
¿Tiene control remoto?
Sí.
¿Heladera?
Sí.
¿Con freezer?
Sí.
¿Freezer incorporado o aparte?
Incorporado.
¿Tiene tarjeta de crédito?
Sí, Visa y Cabal.
¿Tiene...
Bastaaaa.

Tardé mucho (debo ser un poco lento de reflejos), pero la paré. Le dije que me parecía demasiado, que ella no era culpable de que la mandaran a hacer esas cosas, pero que tuviera en cuenta la situación. La piba pidió disculpas y no preguntó más. Ya había obtenido suficiente información, supongo. Ya le alcanzaba.

Me enteré unos días más tarde, por alguien que tiene un puesto jerárquico en el Gobierno de la Ciudad, de la razón de estas encuestas. Se hacen para demostrar la teoría de Mauricio Macri, de que la gente de clase media se atiende en hospitales públicos en lugar de hacerlo en prepagas, lo cual llevaría a arancelar los servicios.


Monday, July 6, 2009

Números

Muertos totales por gripe A en el mundo: 382

Muertos por accidentes de tránsito en la Argentina en un mes (promedio 2008): 683

Muertos por chagas en la Argentina en un año (promedio): 3.650




Muertos por la gripe española (1918-1919): 40.000.000

Friday, July 3, 2009

Lo que no sabe



Es que alguien, arriba, cerró la tapa: puso un candado.

Thursday, July 2, 2009

Ellos


Pasan y me miran. A veces se quedan un rato. Y si me muevo, señalan.

Wednesday, June 10, 2009

Vacaciones

Y el dentista dice sé que duele, aunque a uno lo que menos le importa en ese momento es lo que sabe el dentista.

Dolor que empieza en el nervio de la muela y recorre encíamejillaoídoyhastaunapartedelcostadodelacabeza.

Inhalación profunda, exhalación violenta.

La remera transpirada.
Sé que duele.
Luz en los ojos.
Lágrimas.
Fuerza de los dedos sobre el apoyabrazos.
Miedo de que esto pueda ser peor.

Dentista, no diga “Sé que duele”.
Diga la verdad.
Diga que siempre puede ser peor.

Saturday, June 6, 2009

Mañana

Mañana, voy a comprar un perro. De cualquier raza. Lo voy a teñir de verde, le voy a decir Dora. Come here, Dora, come. Voy a empezar a usar un seudónimo. Don Atilio o la Princesa Ruperta. Me voy a rapar la cabeza, a tatuarme en cada omóplato un verso de Girondo. No más té, ni café con leche: a partir de mañana, sólo agua tibia y clorada. Mil palabras por día. Siete mil por semana. Dos cuadernos por mes. Un trabajo de oficinista: traje, corbata, camisa, varias planillas y raya al costado. Voy a volver a ver televisión para dejar de hacerlo otra vez. A recorrer los pasillos del edificio, a buscar vecinas viejas para hablar durante horas de la inteligencia de sus nietas, de la ineficacia del portero, de lo grande que estamos todos, de cuánto crecimos.

Friday, May 15, 2009

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Sunday, May 10, 2009

Monday, May 4, 2009

Ellas



"Me resulta un gran fastidio que las palomas hagan su show justo cuando estoy por comer".


"Vi llegar a la viuda, si es que era la viuda, si es que alguna vez hubo una viuda".


"De pronto se agitó, se rascó entre las plumas del pecho repetidas veces y luego sin mirar atrás, hacia el difunto, levantó vuelo hacia ese ignoto lugar adonde van las palomas cuando empieza a caer la noche".

Mario Levrero. Diario de la novela luminosa

Foto de Pablo Apiolazza

Tuesday, April 21, 2009

Conservación del momento lineal

Si entendemos que la fuerza es la misma en ambos sentidos y dura el mismo lapso de tiempo, podemos afirmar que la cantidad de movimiento también será la misma en cada sentido ya que:
F= δP/δt.

Y si tenemos δP/δt en un sentido y δP/δt en el otro, la suma es nula.

Si el δP/δt total es nulo implica que P es constante. Por lo tanto:

El momento lineal de un sistema aislado (sin fuerzas externas) es constante.

Wednesday, April 15, 2009

Tuesday, April 14, 2009

Yo también te quiero, amor




La señora Helena debería cambiar estos sillones. No son cómodos. Son duros. Aunque sentada acá se me pasa el mareo.


Cuando lo espero, pienso en que falta poco para verlo y eso me hace olvidar de todo, hace que me ponga contenta y me olvide.

Hoy va a venir. Sé que hoy va venir. Y cuando lo vea voy a llorar. Va a venir y voy a contarle y nos vamos a abrazar.

Daniela o Carmen, o Héctor, como el padre.

Lo quiero. Y él me quiere, aunque a veces se ponga nervioso, yo sé que también me quiere.

Tuesday, March 31, 2009

Cerca

Agarro fuerte la piqueta --una especie de bastón terminado en pico y pala-- y camino. Hace frío. Los crampones se clavan en el hielo. Sólo se oyen pasos y viento.

Camino sobre el glaciar. El suelo se angosta. Cada vez más. Debe haber un metro de lado a lado, yo en el medio. A derecha, a izquierda: precipicio.

En un momento, pienso o, en realidad, me doy cuenta.

Es un error. Acá, no hay que pensar. No hay que darse cuenta. Me detengo.

El miedo es algo más consciente y premeditado: esto es distinto. "Estoy cerca de la muerte". Me quedo quieto. No me muevo.

Pero no voy solo. Voy enganchado en una cordada de siete personas. Y, por suerte, el de adelante sigue. Y la soga tira y yo, no puedo hacer otra cosa, también camino.

El vacío, a ambos lados, queda atrás.

Sólo se oyen pasos, viento y, ahora también, mi respiración.

Saturday, March 14, 2009

Señora


Bueno, sí. Como secretario de Seguridad acepto su propuesta, señora. La acepto, pero con atenuantes. Sí, pena de muerte con atenuantes. Si nos vamos a atribuir la prerrogativa de matar, al menos, demos la posibilidad del arrepentimiento. Claro. Ya lo estuve pensando. Podríamos hacerlo en dos etapas. Usted, señora, que veo ha estado analizando el tema, ¿qué propone? ¿Tiene algún método innovadorglamouroso para la segunda etapa? ¿Cuál? ¿La segunda? Es la etapa final, en la que asesinaremos al malviviente: ¿Muerte por inanición: podríamos suspenderlo con cintas negras de una grúa de Puerto Madero, en una mezcla morbosa de acto de ley y vanguardia artística? ¿Muerte por deshidratación luego de consumir drogas caras, de ésas que provocan alucionaciones terribles? ¿Muerte por envenamiento después de comerse bombones de chocolate y menta, con pequeñas dosis de curare? Señora, le pido que me ayude, no tengo muy claro qué es el glamour.

Deme algunas ideas: Quizás, lo podamos atar a un poste de una calle de Barrio Norte para que los vecinos pasen y le claven prendedores brillantes. ¿Sabe cómo duele eso, señora? Y peor es la humillación. Sí, claro que se lo tienen merecidos. Hijos de puta. Hijos de mil puta, antisociales con la sangre que les brota y mancha las alhajas plateadas. Lo comparto, señora, comparto lo que dice pero me parece que no estamos para grasadas: inyección letal, silla eléctrica, eso se usaba antes. Estamos para más. Algo con brillo, algo que nos ponga orgullosos de ser como somos. Algo que nos represente como argentinos.

Claro. Veo que me entiende. Dele, piénsese algo así. Una cosa innovadora. No. De la primera etapa no se preocupe. De ésa, me encargo yo. Todavía no lo tengo totalmente decidido. Sé por quiénes vamos a empezar, señora. Tengo ganas de agarrar a todos esos famosos que usan su condición para importar autos de discapacitados y ahorrarse unos cientos de miles de dólares. Esa gente de mierda que se cree que esto es joda, que en este país se puede hacer lo que uno quiere, pasando por sobre las instituciones, la policía, la ética y la concha de su madre. ¿O no me va a dar la razón, señora?

Es la única forma para terminar con esta escoria, con esta sociedad de mierda en la que vivimos. Una buena manera de dar el ejemplo. Sí. Y creo que el escarnio debe ser público. ¿A ver qué le parece? Escuche. Prime time. Una silla. Fondo infinito. Primer plano a la cara del delincuente. Luz natural, señora, nada de luces de estudio. Y esto es clave, se va a dar cuenta porqué. Primer plano a la cara del delincuente famoso, llorando. Usted no sabe lo fácil que es hacer que esa gente llore, señora. Son pura superficie. Pura vanidad, alimento del ego. En el fondo son blandos. Sufren, sufren todo el tiempo pero maquillan ese sufrimiento con sonrisas idiotas. ¡Gaby Alvarez!, señora, ¡Gaby alvarez no podía viajar solo por el mundo! El relacionista público más importante de la Argentina. ¡Un asesino! Con miedo a viajar solo…

Lo único que les importa es que los reverencien, que les digan qué lindos que son, qué suerte que tienen. Usted lo sabe, señora. Pero volvamos al estudio. Primer plano a las lágrimas que asoman. ¿Que cómo sé? La vida es larga, señora, y uno siempre se hace un hueco para estudiar cine, un poquito de televisión. Todos tenemos un hobbie. Pero sigo, señora, dejeme que le cuente. La cámara, despacio, se va alejando. Plano medio. Y el espectador se da cuenta de que al menos de la cintura para arriba el famoso está desnudo. Está desnudo y llora. Zoom. Zoom lento pero potente, continuo, que se acerca al cuello. Un primer plano del cuello. Acuérdese de lo que le dije antes, señora: luz natural. Esa es la clave. ¿Qué le parece? ¿Sabe el efecto que puede llegar a producir en el televidente el cuello de ese famoso, viejo, al desnudo, bajo un haz de luz natural?


¿Vio? No por nada soy el secretario de Seguridad. Hay que pensar estrategias para combatir la delincuencia. Pero espere que no le conté lo mejor. Frente al famoso, que podría tener las manos esposadas, hay un televisor. Un televisor que le va mostrando, minuto a minuto, la imagen proyectada; la imagen de su cuello, y el rating de la emisión. Así, el famoso sabe cuántas millones de personas le están viendo las arrugas.

Tengo que revisar la normativa vigente, señora. No me quiero meter en problemas con el Comfer. Aunque quizás, lo podamos hacer después de la medianoche. No. No, yo le digo porque mi idea no era terminar ahí, seguiría por las muñecas. Las muñecas esposadas, las manchas de vejez. ¿Vio? Sí. No. En realidad, sé porque me estuve asesorando. Eso también es parte del trabajo. Me dijeron que el cuello y las muñecas es donde más se marca la vejez, señora. Bueno, lo del Comfer. Porque la idea primigenia era, si es mujer, un plano de las tetas. Un plano de las estrías de las tetas. Y, luego, un plano de la cola. ¿Qué le pasa, señora? ¿Quiere un vaso de agua? Claro. Exacto. Un plano de toda la celulitis. Primer plano de la piel ajada. Y si es un tipo, en bolas. Un plano general en bolas; quizás acercamos la cámara. ¿Seguro está bien? La noto un poco pálida. No. No. La entiendo. Yo también me emocioné cuando descubrí este sistema. Imagínese, en esta sociedad democrática, que los delincuentes famosos se democraticen frente a la cámara, que se muestren como son, que se saquen ese halo de impunidad que les da parecer hermosos. ¡Ah! ¡Y nada de fianzas!. Estoy viendo de armar algo con el presidente para que no se pueda pagar ninguna fianza. Democratizar la Argentina, señora. A salvo de delincuentes. Una Argentina limpia. Sí, sí. Sigo. Momento ansiado. El momento que todos van a esperar, desde sus casas, sentados a la mesa, conversando en familia. ¿Vio que ahora hay realities de cualquier cosa? La pregunta, la pregunta que el famoso deberá responder frente a toda la teleaudiencia. Plano general. Quizás deberíamos poner unos efectos de sonido, aunque eso podemos hablarlo después con algún realizador. Plano general: el famoso, llorando angustiado. Tratando de taparse (está completamente desnudo). Y una voz en off, como la del que hablaba en Gran Hermano, una voz grave, que meta miedo, que diga, dando lugar a un primerísimo primer plano del famoso: ¿Usted, señora, sigue a favor de la pena de muerte?

Thursday, March 12, 2009

Confieso (o "Los posibles motivos de la existencia de una palabra irreal como 'felicidad'")

Lo debo haber hecho cuatro o cinco veces en mi vida. Cuando me pongo contento en serio, alzo los brazos, los pongo rígidos como si los codos no se articularan, y grito; grito en voz baja, grito ronco. Grito como si pronunciara la letra “e”, y luego la letra “a”, sin que me importe nada, hasta ahogarme, hasta necesitar una respiración desesperada. Salto de un lado a otro, como un nene. (Esto sólo lo puedo hacer si estoy solo). Sigo gritando. Muerdo fuerte los dientes y sigo gritando hasta ser consciente de lo que acaba de pasar, dejo de gritar y ahí sí, siento las lágrimas. Cierro fuerte los ojos y siento, asomando, las dos o tres lágrimas que me permito. Y sonrío. Con los ojos cerrados sonrío, me quedo así, sin abrirlos, sintiendo eso. Que puede ser el amor, la certeza de que algo es genial, o la simple confirmación de que, a veces, unas muy pocas veces (me ha pasado, luego se derrumban por la decisión de otro, alguien que no soy yo) con poco, con muy pero muy poco, uno puede alcanzar esos fugaces instantes de felicidad; los únicos que, creo, le dan sentido a la existencia de una palabra así, tan falsa, poco concreta e imposible de alcanzar.

Tuesday, March 10, 2009

Yo, narradora



Ahí sí le diría que lo amo. Una vez le dije te quiero. Pero él no dijo nada. Se quedó serio y no dijo nada. Y al rato, se puso de mal humor. Así que ahora sólo lo pienso. Cuando estoy con él, lo miro a los ojos, me quedo como boba mirándolo a los ojos, y pienso: te quiero. Pero no se lo digo. Se lo doy a entender, con la mirada; como si le hablara al lado del oído. Y por la cara que pone, parece como si me hubiera escuchado.

Una vez, estuvo por decirme te quiero. Al tiempo de conocernos. Dijo: Celeste. Qué, le respondí. Y se quedó callado. Como pensando. Al ratito dijo: nada. Pero me abrazó tan fuerte. Y sentí que me decía: yo también te quiero, amor.

Friday, March 6, 2009

Abasto shopping


La vieja está sentada en el asiento de madera de la estación Abasto, del subte B. El subte está quieto. Y es gracioso porque la señora tiene el marco de los anteojos marrón, del mismo color que el asiento, y blanco, como las baldosas del piso. Tiene anteojos que la mimetizan con el ambiente subterráneo de la estación shopping. El tipo, boina, saco de gabardina marrón, se para al lado de la señora y se queda quieto. Mira a la gente que sube al subte. Se oye una especie de corneta y las puertas empiezan a cerrarse, en la estación no queda nadie, salvo la vieja, que debe estar esperando a alguien, y el tipo, que mira las puertas que se cierran simultáneas, y que, de repente, le pega a la vieja en la nuca, con el puño bien cerrado. La vieja cae y una mujer que está dentro del subte grita, pero el tipo no la oye o no le importa porque le empieza a pegar patadas a la vieja que está en el suelo, que trata, como puede, de levantarse; aunque eso antes de la primera patada, porque después se queda quieta, recibiendo los golpes como si fuera una bolsa de papa. Está en el suelo, sin moverse, y el tipo sigue, como con bronca, como si le hubiera jurado venganza o algo así. El viejo que tengo al lado dice que paren el tren, que el hijo de puta la va a matar. Algunos, que no entienden, miran al viejo como si estuviera loco. El viejo está parado frente al botón rojo, que sirve para detener el subte sólo en una emergencia, pero grita paren el tren, que el hijo de puta la va a matar. Quiere que lo haga otro, o no se dio cuenta de que él puede. La mujer que gritó antes lo mira angustiada. El viejo le pregunta a uno de traje si no vio lo que pasaba. Pero el otro no vio y ya es tarde para verlo. Por la ventana, sólo se ve negro.

Friday, February 27, 2009

Estatuas





En la Plaza Francia, en Recoleta, en el medio de la plaza, hay una estatua sobre un pedestal. Si uno se acerca por atrás, por la espalda de la estatua si es que podemos decir que las estatuas tienen espalda, ve un hueco. En el pedestal, que es de una especie de mármol granítico rojo, ve un hueco. Un hueco de diámetro chico. Un hueco que podría pasar desapercibido, como seguramente suceda la mayor parte de las veces, sino fuera por la mujer, muy vieja, sucia, casi desnuda, que le dice a uno ¿Ya miró por el ventanal? Y uno, en este caso yo, que camina por la plaza sin un objetivo determinado; con una mezcla de miedo, ternura y esa sensación de pobre mujer todos deben pensar que está loca, le dice que no, que todavía no, le pregunta qué hay, le sigue el juego, del otro lado del ventanal. Ella se acerca. Hay que aceptar que uno, aunque este hecho le de vergüenza y lo haga pensar en los motivos que llevan a tenerle miedo a una pobre vieja que sólo está sucia, retrocede. Sólo unos pasos. Ella dice: no tenga miedo, es sólo un secreto. Uno acepta, quizás porque se supone que debe aceptar, tal vez por lástima. Ella se acerca más, acerca su boca y dice, en voz muy bajita, el arte, el arte condensado en un hueco. Y uno que está ahí, sin nada que hacer en la Plaza Francia, dice ¿Cómo? Ella sonríe. Vaya a ver. Y fui. Si no tenía nada que hacer. Me acerqué a la estatua y puse el ojo en el hueco. Al principio no vi nada y pensé que la vieja esta loca. Después vi. Por eso escribo esto.

Tuesday, February 24, 2009

Digresiones *

Del mismo modo que su hermano en las novelas, al hablar, Jaime García Márquez introduce digresiones que, uno supone, no conducen a ningún lado. Sin embargo, después de varios comentarios, cuando uno ya está dentro de otra historia, una nueva que aparenta ser independiente de la anterior, él enlaza ésta con la primera y lo deja a uno maravillado; por la memoria y la capacidad narrativa.

En honor a la verdad hay que aclarar que, de vez en cuando, las largas y armónicas parrafadas terminan sueltas, sin tener que ver con nada. Pero son las menos; y en boca de un García Márquez siguen sonando atractivas.


*Fragmento de una nota que saldrá en Gabo, en el próximo número.

Saturday, February 7, 2009

Gritar

"Fue entonces cuando Soledad empezó a gritar. Estaba sola y sabía que no servía para nada, pero quería gritar: por lo menos les mostraría esos hijos de puta que no iban a hacer con ella lo que se les cantara".

Martín Caparrós, en Amor y anarquía

Saturday, January 24, 2009

Ella pudo


Contuvo el aire. Metió primero una mano, después el brazo, luego la cabeza entera en el inodoro y, entonces sí, sumergió el cuerpo dentro del agua.

Exhaló por la boca y, relajada, pudo nadar.



Foto de Toni Frissell (1947).

Thursday, January 22, 2009

Para volverse a encontrar, o para encontrar algo

"Supongo que quiero decir que Kafka comprendía que los viajes, el sexo y los libros son caminos que no llevan a ninguna parte, y que sin embargo son caminos por los que hay que internarse y perderse para volverse a encontrar o para encontrar algo, lo que sea, un libro, un gesto, un objeto perdido, para encontrar cualquier cosa, tal vez un método, con suerte: lo nuevo, lo que siempre ha estado allí".

Roberto Bolaño

Wednesday, January 21, 2009

Friday, January 16, 2009

Algo mejor del otro lado

¿Y si en realidad uno puede? ¿Si es verdad, como en la película?, pienso y me quedo mirando el agujero del inodoro. Yo de pie, el agua transparente.

Aún no hice pis.

Me arrodillo, me levanto la manga de la remera y meto el brazo, en el agujero. Es incómodo, duele un poco pero no me desagrada.

Levanto la tapa, me aguanto las ganas de hacer pis y sumerjo la cabeza, lo más que puedo, dentro de ese espacio, que suele ser asqueroso, pero que hoy, con los ojos cerrados, los labios bien juntos como para que no entre agua, las manos agarradas, fuerte, a los bordes del inodoro, me agrada. Y me quedo así.

No respiro. resisto, dado vuelta, sin pensar. A veces, no es bueno pensar. Y de repente la cabeza hacia atrás la boca abierta me falta el aire me ahogo toso y trato de respirar como sea el pelo chorrea el agua cae sobre los azulejos blancos vuelvo a meter la cabeza trato de que mi cuerpo entre todo ahí en ese agua quiero sumergirme en la sensación que no me desagrada pero no puedo no llego mi cuerpo no entra o la sensación no existe o está muy lejos o algo así me duele el cuello me estoy lastimando el cuello con los bordes del inodoro que se mueve ahora lo único que falta es que esta mierda se parta al medio y yo termine así suicidado sangrante al tratar de descubrir si ahí bien profundo más al fondo de lo que podemos ver hay algo mejor que todo esto que todo lo de afuera que todo lo que no está dentro de ese agua transparente, tibia e inanimada.

Thursday, January 15, 2009

Es tan rica la langosta



"Por muy aturdida que esté, una langosta suele volver alarmantemente a la vida cuando uno la mete en agua hirviendo.

Si uno vuelca el recipiente dentro de una olla humeante, la langosta intentará agarrarse de los bordes o incluso enganchar las pinzas en la olla, como una persona que intenta no caerse desde el borde de un tejado.

Peor es cuando la langosta está completamente sumergida. Cuando tapás la olla y te das vuelta y oís el repicar y el claqueteo de la tapa que el animal intenta levantar a empujones. O cuando escuchás como las pinzas de la criatura arañan los costados de la olla mientras, sabés, se retuerce.

La langosta, en otras palabras, se comporta más o menos como nos comportaríamos vos y yo si nos echaran en agua hirviendo (con la excepción obvia de gritar). Una forma menos delicada de decir esto es que la langosta actúa como si estuviera sintiendo un dolor terrible, lo que provoca que algunos cocineros tengan que salir de la cocina y llevarse con ellos uno de esos pequeños relojes de horno de plástico a otra habitación y esperar allí hasta que todo el proceso haya terminado".


David Foster Wallace, en Hablemos de langostas

Monday, January 12, 2009

Un tarro transparente

Sí, está bien, le dice mi prima a mi mamá en un tono que no escucho pero supongo a media voz, confiado pero expectante, casi temeroso. Perá un segundo, le dice y se queda en silencio. Perá que mi mamá está pasando por adelante mío (no dice delante de mí, dice adelante mío) con un tarro. Un tarro transparente con formol y el riñón de mi papá.

¿Cómo?, pregunta mi mamá y repite, en voz alta, para los demás que estamos alrededor del teléfono, ¿un tarro con el riñón? Mi hermana pone cara de asco. Yo abro los ojos, tanto, y me imagino uno de esos tarros de mayonesa, grandes. Qué asco, dice mi hermana. Mi mamá sigue hablando. Después nos explica.

Le extrajeron el riñón, completo. Luego, los médicos dijeron que había que hacerle unos estudios al riñón. Lo metieron en un tarro, con formol. Y se lo dieron a mi tía. Mi tía envolvió el tarro con papel de diario, porque le daba asco, y lo guardó en el cajón de abajo de la heladera, ahí donde van las verduras.

Lo que no le dijo mi tía a mi mamá es dónde pusieron las verduras. Quizás no había verduras.

Mi tío está bien.

Tuesday, January 6, 2009

Tío


Mi tío es un tipo especial. Es un tipo tranquilo, es el tipo más tranquilo que conozco.

Octubre del año pasado. Mi tío maneja a velocidad media por una avenida de Mendoza Capital; vive en Guaymallén, a unos diez minutos de Mendoza Capital. Un auto viene del costado y lo choca. El auto de mi tío vuelca. Él no se acuerda, pero la nota que salió en el diario Uno al día siguiente dice que mi tío, con el cinturón puesto, cabeza abajo, respondió, una por una, las preguntas que le hicieron los curiosos que se juntaron a ver qué pasaba. El diario no decía si lo que respondió mi tío tenía relación con lo que le preguntaban los curiosos.

Mi tío va al hospital. Después de un choque tan violento, uno tiene que ir al hospital para que le hagan estudios. Estudios. Un médico dice que tiene un tumor del tamaño de una mandarina en la cabeza, cerca del cerebro. Lo descubren de casualidad. Lo operan. Le extirpan el tumor.

**

Mi tío es geólogo. Habla poco. Da clases, o daba, en la Universidad Nacional de Cuyo. Una vez me invitó de camping y fuimos en una camioneta del Conicet a la orilla de un río verde, casi turquesa, que bordeaba una montaña de tierra roja. Acampamos al aire libre.

Antes de dormir, mi tío me dijo: tomá, por si escuchás un ruido. Me dio un facón y uno de esos picos que usan los geólogos y dijo: buenas noches, y se fue a dormir. Yo me quedé atento, a ver si alguien ahí, en medio de la nada, venía a robarnos la camioneta, la comida o los bolsos. Me desperté de golpe, supongo que porque había escuchado algo. Metí la mano debajo de la almohada y agarré el facón. Abrí los ojos, pero era de día y el ruido lo había hecho mi tío, que tomaba mate junto a la carpa.

Podés lavarte la cara en el río, dijo. ¿Y el pelo?, pregunté citadino. Se rió. Fui, me lavé el pelo en el agua transparente, veía las piedras del fondo. Metí la cabeza. De golpe, sentí como agujas. Miles de agujitas que se me clavaban, al mismo tiempo, profundas en el cráneo. El agua estaba helada. Saqué la cabeza, mareado. Mi tío se reía en silencio. ¿Estás loco?, me preguntó. El resfrío me duró tres días.

Mi tío habla poco pero esa vez, mientras me secaba el pelo con una toalla, me contó que en el 83 hubo rumores de golpe de estado. Había que hacer algo. Y él hizo. Junto con otros compañeros, robó una tonelada de trotyl, que usaban en las campañas para dinamitar montañas, y la escondió, vaya a saber uno dónde. La idea era usarla para explotar no sé qué puente, en no sé qué parte del Sur. Cuando me lo contó, se me puso la piel de gallina. Me sentí orgulloso. Supongo que porque creo que yo no me habría animado a hacer algo así. Mi tío es revolucionario. Pero en serio.

La semana pasada a mi tío le descubrieron otro tumor. Esta vez, en un riñón. Vio a dos médicos. Uno le dijo que tenían que extraerle un riñón. Otro de los médicos le dijo que quizás no fuera necesario, que había que ver. El sábado lo llamé. La voz calma, me dijo que estaba tranquilo, que había que esperar. Lo operan el miércoles.

Saturday, January 3, 2009

Friday, January 2, 2009

Un teorema no compite con la vida


"La vida es monstruosa, infinita, ilógica, abrupta e intensa; en cambio una obra de arte es nítida, finita, autosuficiente, racional, fluida y castrada. [...] Un teorema no compite con la vida; y un teorema es un justo y luminoso paralelo de una obra de arte. Ambos son razonables, ambos falsos en relación con los hechos brutos; ambos inherentes a la naturaleza, aunque ninguno la representa. La novela, que es una obra de arte, existe, no por sus semejanzas con la vida, que son forzadas y materiales [...] sino por su inconmensurable diferencia con ella...".

Robert Louis Stevenson, en Comentarios informales acerca de la novela.