Tuesday, December 23, 2008

Friday, December 19, 2008

La señora y la monja


Uno piensa que la señora es muy pintoresca y le pide, amablemente, si se puede sacar una foto con ella. La señora sonríe y, en silencio, acepta. Posa junto a uno. Luego, quiere que uno le pague por haberse sacado una foto con ella.

Las colombianas no se visten así. Uno ve que las colombianas no se visten así, pero cuando descubre a la señora piensa: mirá cómo está vestida. Qué pintoresca. Saquémosnos una foto con ella.

El modus operandi de la señora: camina, mira el piso como distraída, cerca de un turista. Cuando él, ella, la apunta con el foco, mira a la cámara. Luego, pide retribución.

La señora no aclara que, luego de la foto, uno deberá pagar.

“¿Pero entonces, usted es como una modelo de publicidad ?”.

Ella se ríe, muestra los dientes blancos, tan blancos, y pone la mano, extendida, hacia arriba.

Uno le acaba de sacar una foto como si la señora fuera una especie de fenómeno particular digno de ser retratado. La señora pide plata. Uno, de alguna forma, se benefició con la señora, con su imagen, con el atuendo, con la forma de vestir, anómala y atrayente. Así que uno, no sin cuestionárselo, le paga.

Pero, ahora, la señora está dada vuelta. Y uno siente ganas irresistibles de ver qué pasa si le saca una foto sin que ella lo sepa. Y uno saca la foto y descubre, sorprendido, que una monja, con atuendo y una alcancía de colores, empieza a decir, en voz alta, “señora, señora. ¡Detrás de usted!”. Y uno, atento, mira hacia el infinito, como si le hubiera sacado una foto a las nubes que, detrás de la mujer, recorren el cielo, y camina con paso firme.

“Hay... ¡Qué lástima! Se le fue...”, dice la monja.

Friday, December 12, 2008

Disculpá

"La Policía Metropolitana lamenta profundamente que alguien perdiera la vida en esas circunstancias", dijo el jefe en funciones de Scotland Yard, Paul Stephenson, respecto de la muerte del brasileño Jean Charles Menezes, asesinado por dos agentes de la policía británica en el subte de Londres.

Wednesday, December 3, 2008

Bombay



UNO

Se sabe poco. Siempre se sabe poco. Las letras que salen en los diarios son una porción, mínima, de una bola de intereses, datos confusos, desmentidas, voces oficiales y hechos concretos, muchas veces terribles. Se sabe que fue en Bombay, la capital financiera de La India y uno de los principales diez centros comerciales del mundo. No hay precisión sobre la cantidad de muertos: aunque se supone que fueron más de 186. Podrían ser 188 ó 190: Los muertos no avisan que están muertos y hay algunos que, además de silenciosos, quedan sepultados bajo kilos y kilos de escombros. Se sabe que hubo atentados que duraron tres días. Hubo hombres con granadas, metralletas y pistolas que atacaron diez puntos neurálgicos de la ciudad: entre ellos un café, una estación de trenes, un centro judío ortodoxo y dos hoteles de lujo (el Taj Majal y el Trident Obrero), donde los atacantes tomaron rehenes. No se sabe, exactamente, a quiénes respondían los agresores. Hay versiones, encontradas y disímiles. Sin embargo, lo seguro: India y Pakistán, potencias del sudeste asiático enfrentadas desde hace 60 años por la posesión de la región de Cachemira, encontraron motivos que amenazan quebrar el incipiente proceso de Paz a punto de concretarse.

DOS

Once de marzo de 2004. Madrid. Siete de la mañana y 36 minutos, o siete de la mañana y 40 minutos. Cuatro trenes españoles vuelan por los aires. A las horas, el entonces presidente José María Aznar llama al diario El País para informar que su hipótesis principal es que los atentados los perpetró el grupo independentista vasco ETA. El diario cree en la fuente oficial. Muchos lectores, no todos claro, creen en el diario. Luego, las desmentidas. Después, Aznar pierde las elecciones. Muchos, no todos claro, interpretan las declaraciones como el apoyo español a las invasiones de Estados Unidos a Irak.
Se sabe poco.

TRES

El primer día, el grupo "Mujahidines del Deccan" se atribuyó el atentado. Mujahidín: combatiente musulmán de una Guerra Santa. Deccan, forma anglicanizada de la palabra "dakkhin" que significa Sur. La meseta de Deccan se extiende al centro-sur de India.


Sin embargo, la policía india tiene otra versión. Tiene el testimonio de uno de los terroristas detenidos, Ajmal Amir Kamal: un adolescente que pertenecería al grupo armado Lashkar-e-Taiba. El “ejército de los piadosos”, que de piadosos mucho no tienen: son una facción islamista paquistaní, clandestina, que revindica la lucha armada contra La India. Este chico, con una seguridad que podría haber sido inducida por los métodos de interrogación que, se sabe, suele utilizar la policía contra supuestos terroristas, identificó a los atacantes como ciudadanos paquistaníes entrenados por Lashkar e Taiba. “Diez de nosotros fuimos elegidos al final para la operación en Bombay", dijo y detalló que habrían llegado por mar, en una sola embarcación.
Sin embargo, horas después, la organización de los piadosos desmintió haber participado en los hechos.

CUATRO

Las negociaciones de paz debían iniciarse el jueves, día de los atentados. Luego, amenazas cruzadas. El canciller indio dijo que si se comprobaba la responsabilidad de Pakistán habría grandes consecuencias. Por su parte, si bien se comprometió a castigar a grupos radicales, el gobierno pakistaní advirtió contra “toda reacción exagerada” de India. Inclusive, anunció con suspender el proceso de paz y hasta llegar a movilizar tropas. Hoy, la secretaria de Estado de Estados Unidos Condoleezza Rice pidió a Pakistán que cooperara en las investigaciones. Durante una conferencia en Nueva Delhi, Rice dijo que su país no se apresurará a la hora de identificar a los responsables de los ataques, pero añadió con seguridad: "Está claro. Este es el tipo de terrorismo en el que participa Al Qaeda”.



Wednesday, November 26, 2008

Otra instantánea



Y le decimos al tipo que sí. Que quizás sea la pila. Que no importa. Lo que importa, en realidad, aunque no se lo decimos, es que suelte la cámara, que deje de mover los dedos rápido sobre el aparato.

Cambien la pila y cualquier cosa me la traen y la vemos, ¿eh?

Y volvemos a decir que sí sabiendo que no vamos a volver. Creo que es mejor que yo desarme la cámara, pieza por pieza, y después no pueda volver a armarla que dársela a este tipo y esperar a ver qué hace, digo. Ella asiente con desconfianza. Bueno, quizás no sea lo mejor: Es una metáfora. Ya sé, tonto, dice y se ríe como sabe reírse.

Y vamos a un bar. Café con leche, mitad y mitad, pide ella, y tres medialunas de grasa. Lo mismo que ella, digo yo. La moza sonríe y se va. Pienso que tener que sonreír es desgastante.

Agarro unos diarios de la mesa de al lado, diarios locales que desparramo sobre la mesa. Saco la cámara del estuche.

Qué cagada que no salgan las fotos. Quizás sea la pila. Puede ser, porque a veces saca y a veces no. Y oprimo el botón, y de nuevo el click.

Ninguno de los dos dice: “Ah, pero funcionaba”. Ninguno de los dos dice nada. Al rato, la moza trae los cafés con leche.

Saturday, November 22, 2008

Instantánea


“¿No anda esta cámara?”, dice el tipo de la casa de fotografía antes de que podamos avisarle que lo único que hace falta para sacar una foto es que oprima el disparador. “¿Qué tiene?”, dice, mueve los dedos rápido, como si estuviera nervioso.

“Funciona”, responde uno de los dos y le contamos que el problema es que, a veces, se traba el disparador y no podemos sacar las fotos que queremos sacar, lo que nos provoca enojo, o mal humor.

“Ah, entonces saca”, se sorprende, aunque actúa como si no hubiera escuchado lo que le acabamos de decir, porque gira el anillo de enfoque para un lado y para otro, con fuerza y, de pronto, aprieta el botón.

Se oye “clic”. Entonces el tipo, con expresión de sorpresa, dice: “Ah, pero funciona”.

Monday, November 17, 2008

Opinión

"El periodismo es destructivo para el periodista. Y no es ético. Porque no es ético consignar información que uno no pueda vivir, verificar, sentir. La esencia de nuestra vida es lo que sentimos. Si la información no les sirve a los sentimientos, es como comer algo que no es comestible".

Tomasz Piatek, escritor polaco, invitado al FILBA.

Wednesday, November 12, 2008

Hoy

"La literatura es un lujo, la ficción una necesidad".


G. K. Chesterton

Thursday, November 6, 2008

Desnudarse en público no es una tarea fácil (parte dos)*



NON SEXUAL JOURNALIST

Como en todos los ambientes, en el nudismo hay grupos y subgrupos. Hay alianzas, acuerdos y también oposiciones. En los foros de internet, la división es taxativa: nudismo familiar, nudismo para adultos con respeto de las normas del nudo naturismo (no se permite el ingreso de menores) y nudismo para adultos (a secas). “Muchos disfrutan el contacto con la naturaleza, pero otros buscan sexo. Ambas posturas son respetables: Lo importante es que la gente sepa dónde va, para que después no haya sorpresas ni problemas”, explica Eduardo, creador de la página web Sernudista.com.



Los nudonaturistas —practicantes del nudismo familiar— integran el grupo más cerrado. Sus conceptos son rígidos. Para ellos, el nudismo está lejos del apasionamiento sexual. Sacarse la ropa se interpreta como “la máxima prueba a la que se someten hombres y mujeres relacionándose sin prejuicios en la búsqueda primaria de una amistad profunda”.


Epicuro es su padre filosófico. El placer constituye el bien supremo y la meta más importante en la vida. Pero los placeres son intelectuales y no sensuales, ya que estos tienden a perturbar, íntegra, la paz del espíritu. En resumen: de sexo ni hablar.


Se comportan como una especie de pastores evangélicos de la desnudez. Tratan de convencer, insisten, aseguran que si uno prueba, sin dudas, va a repetir la experiencia. No hay forma de que alguien que se anime a disfrutar de un baño sin malla, se prive de ese placer en lo que le queda de vida.


En la Argentina, están nucleados en la Asociación Para el Nudismo Naturista Argentino (APANNA), tienen personería jurídica y siguen las reglas de la Federación Internacional de Naturismo, sintetizadas en un código de convivencia. No fotografiarás a nadie sin permiso. Reservarás los actos eróticos al ámbito privado. Usarás una toalla para sentarte. No consumirás “drogas ilegales”, no mantendrás actitudes hostiles, no harás gestos obscenos y así. “La observancia de estas sencillas normas hará más placentera la estadía de todos; quien las transgreda podrá merecer —según la gravedad de la falta— desde una advertencia hasta la expulsión”.


Los nudonaturistas temen que los tilden de pervertidoonanistas libertinopedófilos orgiásticoswingers exhibiocionistamasturbadores. Tienen pánico. Saben que, si alguna vez, incluso por error o casualidad, alguien se sintiese acosado en un recreo y el hecho se conociera, el mundo caería sobre sus cabezas.


"Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que el día que comáis del fruto del árbol que está en el medio del huerto, serán abierto vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal”. Y como la manzana era el fruto del pecado en el Jardín del Edén, la insinuación sexual es lo prohibido en el mundo nudo naturista. Y quien ose transgredir esas reglas, quien se anime a dar un mordisco, a liberar su instinto pecaminoso, será echado del huerto, para que labre la tierra de donde fue tomado.


Una vez por año, realizan “la maratón desnuda”. Tres kilómetros y medio en las sierras, sin más que un par de medias y zapatillas. Entre los invitados, hay corredores profesionales ajenos al ambiente. Al final de la competencia, una nudonaturista de raza le muestra fotos a uno de ellos. Todo va bien hasta que él, con un gesto demasiado preciso como para ser espontáneo, indica: “a ver esa” y roza, sutil pero firme, el pezón izquierdo, de arriba hacia abajo. “¿Qué hacés, imbécil?”, dice la chica. El hombre se disculpa acongojado. Es tarde. Ya mordió la manzana. En un rato —horas, quizás minutos— recibirá el mensaje de expulsión.


FIESTAS, ORGIAS, GRANDES QUILOMBOS


Si los lugares nudonaturistas representaran el paraíso, Palos Verdes, un campo de seis hectáreas en Moreno, Provincia de Buenos Aires, sería el Infierno. Aquí, a 60 kilómetros de Capital Federal, el fruto prohibido se alcanza con solo estirar el brazo.


Vestido, el dueño del lugar Ricardo Peralta comenta que el instinto no puede ignorarse, que los orgasmos “son algo fantástico”. A unos cincuenta metros, acostada sobre el pasto, una mujer lame el pene de su pareja como si con la lengua tratara de sacarle lustre.


Aquí, reina la calentura. “El templo de la diosa afrodita” es una especie de galpón con largos sillones. El que entra sabe lo que va a hacer y acepta lo que otros dispongan. Según cuenta Ricardo, en el lugar se han hecho “fiestas, orgías, grandes quilombos”. Y detalla: una señora sin dientes que practicaba sexo oral al que se ubicara en la fila. Una mujer culta, Verónica, de apariencia tranquila, “que se ponía en cuatro y pedía que fueran pasando”. A veces, eran cinco o seis los que la penetraban. Otras, llegaban a quince.


La esposa de Ricardo, Estela, no entiende a los nudistas. “Todo el tiempo hablan de libertad pero siempre llevan una toalla, como si la tuvieran atada”, dice irónica.


Sonreís. Tampoco entendés. Nadie te dice no mires, pero, está implícito, no tendrías por qué hacerlo. Te sentís incómodo, ridículo, vulnerable. Muy desubicado. No encontrás razones para sacarte la ropa. Ellos dicen que quien lo hace, lo repite. Que no hay forma de que alguien que se anime a disfrutar de un baño sin malla, se prive de repetir esa sensación en lo que le queda de vida. Sin embargo, sabés, esa libertad no alcanza. Haría falta mucho más que el placer de sentir el aire en las partes para animarte de nuevo y volver a comprobar que desnudarse en público no es una tarea fácil.



Wednesday, October 29, 2008

Desnudarse en público no es una tarea fácil (parte 1)*


La mujer está desnuda y cuando habla mira a los ojos, según dice, por una cuestión de respeto. Los pezones parecen pesarle como plomo; las tetas caen lánguidas sobre la panza. “Soy poco promiscua. Y venir a encuentros de gente sin ropa me permite ver penes de distintos tamaños y colores”, confesará después, cuando entre en confianza. Por el momento, sólo comenta que un desnudo no la excita. Dice que ella no ve cuerpos, ve partes: un brazo, un hombro, un testículo, un prepucio, una rodilla. Simula ser un urólogo aburrido, acostumbrado a tocar tejidos escrotales.

Sin embargo, es locutora. Tiene cerca de cuarenta años, la piel demasiado blanca y cuatro estrías que le recorren la panza en sentido vertical. No se debe haber depilado el pubis en los últimos doce meses: Un matorral oscuro le oculta la vagina. Caóticos, los pelos llegan hasta a unos pocos centímetros del ombligo.

Dice no tener problemas en mostrar el cuerpo, aunque es la segunda vez que se desnuda en público y, a diferencia de los nudonaturistas experimentados que se pasean orondos exhibiendo sus genitales, suele llevar una remera larga que la cubre hasta los muslos. Se presenta como Claudia.

La hija y la hermana de Claudia son las únicas personas de su familia que saben que se reúne con gente desconocida, se saca la ropa y actúa como si estuviera vestida. Claudia no piensa decir su apellido y trata de que no la llamen por su nombre. Prefiere un seudónimo. Tiene miedo de que su ex esposo se entere de su afición y le saque la tenencia de la nena. De que la gente comente y la señale como una loca, miedo a que la echen del trabajo. Se llama Claudia, sin embargo, insiste en que le digan “La locutora”. Desnudarse en público no es una tarea fácil.

Uno, dos, tres. Bajás el pantalón y el boxer y quedás casi desnudo: zapatillas, medias, piel. Tenés la toalla: podrías justificar que la llevás por higiene, para no manchar una silla con la transpiración de la cola pero, sabés, la usás para taparte. Hay un barrera propia —sentís que te están mirando, incluso si no hay nadie alrededor—, una barrera cultural muy poderosa que impide que te relajes. Te sentís incómodo, ridículo, vulnerable y no entendés el motivo que amerita la exposición. A las horas de estar sin ropa, olvidás la desnudez por un rato hasta que aparece alguien vestido y te trae la vergüenza.

En los recreos nudonaturistas, los nombres y apellidos, generalmente ficticios, identifican tanto como el tamaño de los genitales, la cantidad de pelo o las marcas de la piel. El apelativo es, quizás, una de las pocas cosas en las que puede mentir un nudista. “Hay personas que cada vez que vienen se presentan con una identidad distinta y eso nos crea un caos en los registros —cuenta José Blanco, de la comisión directiva de Edén, una quinta naturista en Moreno, Provincia de Buenos Aires— Nosotros les decimos que manejamos los datos con estricta confidencialidad pero no nos hacen caso. Así que les pedimos que si inventan un nombre, siempre usen el mismo”.

A su modo, Blanco dirá que un cuerpo desnudo es una verdad explícita. Sin embargo, para poder exhibir esa verdad, en muchos casos, la mentira se torna imprescindible.

CUESTION DE CONVENCIONES

Preguntarse cuántos nudistas hay en la Argentina es similar a tratar de averiguar qué cantidad de personas divorciadas se masturba pensando en su ex pareja. Aun así, Eduardo Leiro, dueño de una agencia de viajes que ofrece destinos naturistas, calcula que cerca de 10.000 hombres y mujeres disfrutan de estar sin ropa. El número es relativo, azaroso, casual, por no decir inventado. No hay registros y nunca se hizo un censo. Lo cierto es que, de a poco, la cantidad aumenta. Muchos se animan en el exterior: en hoteles de Estados Unidos, en playas de Brasil, México o Uruguay, y luego quieren repetir la sensación.

A diferencia de lo que pasa en otros países, donde la gente con malla convive con el que no la tiene, en casi todos los lugares argentinos donde se practica el nudismo, sacarse la ropa es obligatorio. Y eso, para alguien que quiere iniciarse, para un textil —como llaman al que porta tela sobre su cuerpo— puede significar la cancelación de la experiencia.

“Tratamos de evitar que vengan mirones —explica Miguel Suárez, coordinador del recreo naturista Yatán Rumi—. Sabemos que al principio puede costar un poco y por eso, para los debutantes, hay una hora de adaptación. Pero si después de ese tiempo la persona sigue sintiéndose incómoda, le pedimos que se retire”.

Para evitar este tipo de situaciones, en los foros de internet —donde se concentran, comunican y discuten los nudistas— hay consejos y advertencias de todo tipo. Allí, un novato puede aprender que está bien mirar, pero no fijamente. Que ante una erección: una toalla bien colocada, la zambullida en una pileta fresca o una puesta boca abajo son buenas actitudes. Que si uno se siente muy gordo o mal formado para hacer naturismo, no entendió para nada el espíritu. Que tener la malla puesta simboliza arrastrar, con una cadena, a la sociedad entera. Y que, a fin de cuentas, es sólo una cuestión de convenciones.


*Publicada en Don Juan.

Sunday, October 26, 2008

Suficiente

Me preparé viendo foros en internet, hice preguntas, leí comentarios y concluí que nada de lo que podría llegar a pasar sería tan grave como para preocuparse. No me equivoqué.

Sin embargo, tampoco tuve en cuenta --no había forma de que me lo imaginara-- que un Congreso Nudista iba a ser tan aburrido.

Antes de ir, le expliqué al editor: No quería hacer el artículo para defender la práctica, quería tratar de entender por qué, con qué sentido, esa gente se sacaba la ropa.

En una breve entrevista, que antecedió la publicación, me preguntaron si lo volvería hacer. Respondí, seguro, que mi pertenencia al mundo nudonaturista había concluido el día en el que, con mi short azul brillante puesto, saludé, leve apretón de manos, a los organizadores del evento.

Una vez, una sola vez, fue más que suficiente.

Sunday, October 19, 2008

Respuesta

Playboy: Algunos críticos, al bucear en sus obras para tratar de encontrar alguna pista sobre su personalidad, señalan este tema recurrente como una prueba de su poco edificante preocupación por la atracción entre jovencitas adolescentes y hombres de edad. ¿Hay algo de cierto en esta acusación?

Vladimir Nabokov: Creo que sería más correcto decir que si yo no hubiera escrito Lolita, los lectores no habrían comenzado a encontrar adolescentes precoces ni en mis otros libros ni en sus propias casas.

Thursday, October 16, 2008

Monday, October 13, 2008

Chiste ácrata*



Muere Bakunin y llega al infierno; allí, por supuesto, es recibido por el demonio en persona que lo condecora por su inmensa labor atea y anticlerical. Luego, es enviado a un sector de privilegios, libre de torturas y malos tratos. A los pocos días, en ese sector, se desata una insurrección violenta que, se descubre al ser aplastada por las huestes infernales, fue impulsada por el viejo Bakunin.

Como castigo, es trasladado a un sector normal en donde se producen toda clase de tormentos. A los pocos días, en una recorrida de inspección, el demonio descubre que los castigos ya no se producen: el sector está en huelga en solidaridad con los trabajadores expulsados del primer sector.

Así, Bakunin es trasladado al pozo más profundo del averno en donde las condiciones de calor extremo y tormento permanente --confía el diablo-- lo tendrán entretenido. Con el correr de los días, una inmensa columna de demonios de toda laya asciende desde el fondo del infierno con banderas rojinegras y cantos espeluznantes. Reclaman: jornada laboral de ocho horas, vacaciones pagas, equiparación de los sueldos y comodidades con el primer sector.

Vencido, el demonio resuelve enviar a Bakunin al cielo, mataría dos pájaros de un tiro; volvería a tener control absoluto del averno y le generaría a dios un caos en el paraíso.

Ansioso por ver el resultado de su jugada, a los quince días, el diablo asciende y se presenta a las puertas del paraíso, allí encuentra un inmenso cartel que dice: "Paraíso colectivizado"; debajo de él, descubre a San Pedro con un birrete rojinegro y un fusil al hombro.

Al verlo, el demonio se acerca y pregunta:

-- ¿Cómo van las cosas por acá?

-- Todo tranquilo --responde San Pedro.

Nuevamente el demonio: -- ¿No ha venido por aquí un tal Mijail Bakunin?

San Pedro: -- Sí, así es, está adentro. ¿Por qué?

-- Sólo quería saber si dios había tenido algún problema con él --dice el diablo.

San Pedro toma de los hombros al demonio y dice:

-- ¡Me extraña, compañero, si todo el mundo sabe que dios no existe!



*Fragmento del prólogo del libro "Bakunin, crítica y acción" (Red Libertaria Argentina).

Tuesday, September 30, 2008

Street Art



La ciudad, quieta ante una densa charla silenciosa.

Friday, September 26, 2008

Libertad


"División de un espacio cúbico".
Litografía. Escher, 1952.

Thursday, September 18, 2008

Piel



El agua está bastante caliente. Abro un poco más la canilla fría, me paso el jabón por el antebrazo. La piel se ablanda. Como la de un reptil que se despelleja, se ablanda, se desprende de la carne y cae en la bañera, al lado del pie izquierdo. Es transparente y rugosa. En el antebrazo, donde debería estar esa piel ahora hay carne. Tengo un cuadrado sin piel que, a simple vista, parece un churrasco. Me paso el jabón por la panza. La piel se empieza a desprender, de a poco. Sobre el ombligo, otra franja de carne. No me duele. Aprieto el jabón. También se ablanda la piel de la palma de la mano. No me duele. Me froto el pecho, me paso el jabón por las piernas. Alguna vez, me pregunté qué sentía un pájaro cuando cambiaba las plumas. Enjabono la esponja y, con ella, los hombros. Tengo las manos sin piel: enjabono la carne de las palmas, cierro los ojos, fuerte, y me paso las manos por la cara. Varias veces. Siento cómo los pómulos se aflojan. Abro los ojos. Con el índice y el pulgar saco una capa de piel, parece papel celofán transparente. Una capa gruesa, pero flexible. Sigo. Sigo hasta que no queda nada de piel, sólo carne. Me siento, en la bañadera, arriba de la montañita que parece pellejo de serpiente, cierro los ojos. El agua me pega en la cabeza.

Tuesday, September 16, 2008

Gustav


Éste en Cuba. Arrollador.

Sunday, September 7, 2008

Saturday, August 30, 2008

Conciencia social


"Ahora en Cali, Colombia, voy a perfumar un barrio marginal, con 700 litros de perfume jazmín del país. Entonces, esa gente, que nunca en su vida sintió perfume --ni el perfume de una flor-- va a estar 24 horas bajo efectos del olor. Y eso les cambia la vida: ¿Entendés?"



Marta Minujín, en declaraciones exclusivas a medespertó

Friday, August 29, 2008

Thursday, August 28, 2008

Wednesday, August 27, 2008

Yiya*


-- Su hijo dice que usted confesó que el veneno con que había matado a sus amigas estaba en los saquitos de té.

Da un respingo, responde indignada:
-- ¿Cómo en un saquito de té? ¡Si jamás se lo dije!

Jamás, se lo dije, dice, y sobre la mesa se esparce un silencio difícil.

-- Yo no lo hice, te recontrajuro por mi hijo, que es lo más grande que tengo, que yo no lo hice.



*Entrevistada por Leila Guerriero.

Wednesday, August 13, 2008

Friday, August 8, 2008

Canarios*



Es viernes, son las diez de la noche y el galpón del predio ferial de Escobar, una construcción grande como una cancha de fútbol, está a oscuras. En un rincón, ocho hombres tratan, infructuosamente, de encender un tubo de luz violeta. A pesar de la penumbra, se distinguen jaulas y jaulas con pájaros que se mueven inquietos. Algunos gorjeos. La luz violeta se enciende, las aves se alborotan. El hombre que lleva el tubo empieza a caminar. Los demás lo siguen en silencio.

A pesar de lo que uno, a primera vista, pudiese pensar no se trata de fanáticos religiosos. No son, tampoco, seguidores a ultranza de un predicador del nuevo milenio, un exacerbado creyente de la llegada del anticristo. Son, sólo y nada menos, criadores de canarios verificando, con ayuda de una luz ultravioleta, que ninguno de los concursantes del 47ª Campeonato Nacional de la Federación Ornitológica Argentina (FOA) esté teñido.

Los canaricultores buscan que, en el mayor concurso de canarios del país, sus pájaros blancos sean lo más blanco posible. Para ello, en algunos casos, transgreden las normas que prohíben el uso de sustancias y utilizan químicos, perfumes, aerosoles, siliconas, pinturas, que alteran y aclaran el plumaje. Sin embargo, la luz violeta es infalible. Al canario de la segunda fila, cuarta jaula, le fosforescen, tenues, la cabeza y las patas. El que lleva el tubo se acerca. Los jueces observan atentos. Pero no. Falsa alarma. El ave no está pintada, no hay trampa, se puede seguir. “A ese no lo tiñeron, sino que se les fue la mano al lavarlo. Lo frotaron de más”, dice uno. “En Brasil, por algo así, te descalifican”, agrega otro. “Acá no”, indica un tercero.

Hace dos años, descubrieron trece canarios pintados. En 2007, fueron dos. Este año, por el momento, nadie hizo trampa. “Empezamos bien”, comenta el que lleva el tubo y apaga la luz ultravioleta. El predio ferial vuelve a quedar a oscuras.

CUESTION DE RESPETO

Es sábado, son las tres de la tarde y el galpón trina o, al menos, parece hacerlo porque está repleto de pájaros que reproducen un sonido denso, cerrado, agradable durante los primeros diez minutos. En este contexto sonoro y aturdidor, 55 jueces de todo el país califican a las aves.

El premio máximo del campeonato, en el que compiten más de 10.500 pájaros, es una copa. El segundo puesto obtiene una medalla. Ninguno de los dos recibe plata. Los organizadores cuentan que lo que se gana es prestigio, honor e, incluso, respeto. Sin embargo, aclaran, la victoria lleva al criador a aparecer en los primeros puestos del catálogo anual, a convertirse en el referente obligado a la hora de conseguir “buena genética”. Es decir: no ganás efectivo pero, durante el año, los pájaros te los compran a vos.

Los canarios pueden competir en color, porte (antes conocido como forma y postura) y canto. Luego, la categoría ornamentales e híbridos integra otro tipo de aves como cotorras, codornices, petirrojos, cardenales y palomas. Los pájaros concursantes fueron seleccionados en 60 competencias clásicas que se hicieron, durante junio, en distintas ciudades del país.

Frente a una de las mesas juzgadoras, Jorge de Jesús, encargado de un supermercado de Trenque Lauquen, espera ansioso el puntaje de sus dos canarios rojos. Habla de la dificultad de los aficionados para competir contra “empresarios de la canaricultura”. “Algunos invierten una barbaridad de plata”, dice y cuenta que “un buen canario de pedigree” cuesta entre $ 300 y $1.500, que una pareja de excelentes condiciones “no garantiza que la cría sea buena para competir” y que los mejores machos suelen ser los importados.

A nivel mundial, el miedo al contagio de la gripe aviar hizo que los países prohibieran el ingreso de animales vivos. Sin embargo, explica un criador que pide anonimato, no es difícil volver de Europa con aves escondidas en pequeñas cajas, ni comprar, aquí, canarios traídos de Francia o Italia.

Una anécdota que refiere el informante anónimo es la de un criador que, en febrero, fue detenido en la frontera con Brasil tratando de entrar 70 canarios. Los animales, retenidos por gendarmería, costaban cerca de $ 40.000. “Lo peor -–sugiere misterioso-- es que parece que fue una vendetta”

NERVIOS Y RELAX

Los canaricultores coinciden en que tratar con los pájaros, darles de comer, escucharlos, es una terapia relajante. A pesar de eso, dicen, los días previos al campeonato no se caracterizan por la tranquilidad. “Estás nervioso, preocupado por si los animales viajaron bien, o si alguno se murió en el camino –explica Marcelo Capellino, de General Pico, La Pampa--. En mi casa ya saben que estoy concentrado en eso. Si suena el teléfono y es para mí, ni me lo pasan”.

A su lado, Emilio Wiñak, de Trenque Lauquen, ganador de los últimos nueve campeonatos nacionales, confirma los dichos de Capellino y se jacta de haber bañado más de 400 pájaros en seis días. “No cualquiera puede lavarlos sin que se mueran”, dice convencido. Seguramente, tenga razón. Cuatro días antes de la competencia, con un cepillo de dientes, los canaricultores lavan las patas, el anillo y las alas de sus animales. Luego, con un hisopo húmedo, limpian las partes más íntimas y escatológicas de cada ejemplar. Por último, usan un algodón mojado en champú para las plumas de la cabeza, ésas que, cada vez que el pájaro come, rozan los alambres de la jaula.

A veces, esta pasión genera polémicas familiares. Antes de conocer a su esposo, Olga García no distinguía un cardenal de un petirrojo. Hoy, sin ser fanática, conoce del tema y ayuda en la crianza. “A nuestra hija, adolescente, también le gustan, pero ya amenazó con que el día que su padre se muera abre todas las jaulas”, dice.

Sobre el tema, un canaricultor de rulos y buzo negro resume: “la crianza tiene dos enemigos mortales, los gatos y las esposas”. Otro asiente con la cabeza y acepta serio: “Al final, le sacás tanto tiempo a la familia que ellos, para no odiarte a vos, terminan odiando a los pájaros”.

TRAMPAS Y CONOCIMIENTO

Para ser juez del campeonato nacional hay que saber y mucho. Hay que poder distinguir 497 colores de canarios, o conocer e identificar los distintos tipos de canto, o diferenciar en qué casos un pájaro, de cualquier especie, es un buen ejemplar y en cuáles no merecen puntaje. Por este motivo, los jueces suelen ser, al mismo tiempo, participantes del concurso. Sin embargo, por ética, se abstienen de calificar a sus propios ejemplares. Resumiendo: los que más saben están acá. Así, por más esfuerzo que ponga, es difícil que un tramposo no sea descubierto. Entre otras cosas porque, además de habilidad, necesita suerte y, esta vez, parece que no la tuvo.

Uno de los jueces, que además de criar fabrica anillos, ha descubierto doce canarios con los anillos limados. Estos pedacitos de metal identifican al ave: en ellos figuran la sigla de la federación, el número del socio, el del pájaro y el año.

Los anillos tienen tres milímetros de diámetro y se colocan a la semana de nacimiento del ave. Luego, la pata crece y ya no entran. “En vez de criar, compraron canarios adultos y les pusieron anillos adulterados para que pudieran concursar”, explica uno de los organizadores. Al rato se sabe, los doce pájaros pertenecen a la misma persona. La suspensión es inminente. El organizador, que comunica apesadumbrado la noticia, enuncia esa máxima que, no por repetida en años y años de uso, pierde validez: “Al competir aparecen las mejores virtudes y se evidencian los peores defectos”.

*El 8 % de esta nota fue publicado en Viva. El resto, aquí.

Tuesday, July 29, 2008

Wednesday, July 23, 2008

Diálogo



Escritorio del aeropuerto de Bariloche. Un empleado, sweater azul intenso, pin de Aerolíneas, mira atento el monitor de la computadora. Hola. Levanta la vista y, sin mosquearse, la baja para seguir leyendo lo que leía antes de que yo lo interrumpiera. ¿Qué tal?, dice sin ganas, por cortesía, es sabido que uno no puede ignorar sin motivos a un casual interlocutor. Te molesto un toque porque tengo entendido que, por los códigos internacionales de aviación, después de una demora de más de seis horas, ustedes, o la empresa, que vendría a ser lo mismo, están obligados a darnos US$ 250 en ticket de viajero, un hotel y una llamada gratis, como mínimo. Sorprendido, vuelve a mirarme, sonríe humilde.Tenés razón, negro, dice. ¿Si te corresponde? Te corresponde. Pero estamos fundísimos, no hay un peso. Acá, nadie te va a dar nada.

Saturday, July 19, 2008

Plumíferos





El bailarín Urlezaga, a veces, tiene la postura de una paloma en celo: altivo, con el cuello estirado y la frente perpendicular al piso, los hombros, a pesar de que las palomas no tengan hombros, los lleva bien arriba. Otras veces, estación de servicio en el Bolsón: la cajera le pide un autógrafo luego de varios gritos histéricos, Urlezaga sonríe con una mueca en la que se mezclan la vergüenza y una explícita falsedad.

Iñaki debe ser un tipo acostumbrado a que todos, debería ir con mayúscula, cumplan con lo que, él dice, se debería cumplir. Iñaki no viaja en la misma combi que sus compañeros de baile, Iñaki es una estrella, Iñaki viaja en otra, con su hermana, una mujer rubia que, es evidente por la forma de su cuerpo, no baila clásico, no podría, y su madre, que tampoco baila y tiene el pelo de un color artificial que roza el rojo sanguíneo.

**

En la base del cerro La Hoya hace frío. Hay viento y la temperatura debe estar cerca de los grados bajo cero. Por eso, Iñaki y sus bailarines no llevan los típicos trajes de baile clásico sino camperas y pantalones de tela gruesa.

Hace frío e Iñaki sale del refugio y se acerca, camina lento, hacia el escenario. Unas cien personas, gobernador de la Provincia, secretarios, intendentes; lameculos infaltables, oportunistas de ocasión se agolpan expectantes. Pero Urlezaga, ésta vez, altivo, con el cuello estirado y la frente perpendicular al piso, dice no, así, no, yo así no sigo. Y se va, da media vuelta y desaira a las cien personas, al señor gobernador que, parece, es obligación decirlo, todo el mundo lo repite una y otra vez, hizo tanto por la Provincia, a los secretarios, a los intendentes; a los lameculos infaltables y, por qué no, también, a los oportunistas de ocasión.

Urlezaga está ofendidísimo. Cómo puede ser, un artista de su talla internacional tenga que bailar en un escenario improvisado con planchas de corcho sobre cajones de cerveza. Y tiene razón. Al menos en lo que repecta a que saltar ahí, con los músculos tensos por el frío, sobre ese piso endeble es una completa locura. Urlezaga no quiere bailar. Está claro. Aunque también está claro que, para llegar a Chubut, Urlezaga recibió cerca de cincuenta mil pesos y eso, todos lo sabemos, no es un monto despreciable.

Así, a pesar de que si sus piernas estuviern aseguradas, la aseguradora podría hacerle un juicio y ganárselo por afano, Iñaki sale al ruedo. Y baila. Sin ganas, pero baila. Se destaca uno de sus compañeros, feo como él solo, con los dientes para afuera, que le pone ganas como si estuviese en el Colón, a 25 grados y con su mamá y su novia, juntas, en la primera fila.

Libertango, Rapsodia Bohemia. Fin del espectáculo: con riesgo y todo embolsar cincuenta lucas en cuatro minutos no está nada mal. Pero hace frío e Iñaki y su trouppe vuelven al refugio donde almuerzan un guiso, exquisito, titulado “perfume de pollo”. En ese momento, al probar el guiso, al sentirse, de vuelta, reconocido, es que Iñaki relaja el cuello, baja la frente y se dispone a descansar, como una paloma con la libido saciada.

Friday, July 11, 2008

Se, se, se

Se miran , se presienten , se desean,
se acarician, se besan , se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se desnudan,
se adormecen, se despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enancan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enalzan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehúyen, se evaden y se entregan.


Oliverio Girondo

Sunday, July 6, 2008

Justificación

"No habiendo testigos, y si los hubo, no consta que hayan sido llamados a estos autos para declarar lo que pasó, es comprensible que alguien pregunte cómo se sabe que estas cosas ocurrieron así y no de otra manera, la respuesta es que todos los relatos son como los de la creación del universo, nadie estaba allí, nadie asistió al evento, pero todos sabemos lo que ocurrió".

En "Ensayo sobre la ceguera", José Saramago se revela contra el concepto de que el lector cree cualquier cosa y justifica el saber de su narrador omnisciente.

Saturday, July 5, 2008

Thursday, July 3, 2008

Calle Alcina

Hipólito Yrigoyen 250. Ministerio de Economía y Producción de la Nación. Doce escalones. Cuatro pasos. Ocho escalones más. La entrada. Exhibición de documento. Espera de confirmación de entrevista. Entrega de una tarjetita. Pase de la tarjetita por un visor. Puerta giratoria. Ascensor. Piso doce. El ascensor sube rápido, muy rápido y cada vez que se cierran las puertas uno siente, en el estómago, algo que se suele describir como una especie de vacío aunque, en realidad, es otra cosa; es una sensación extraña de miedo repentino frente a un movimiento al que no estamos acostumbrados; pero que, en este caso, para simplificar, ya que lo central, aquí, es exhibir el error de quien maquetó el edificio del Ministerio de Economía, denominaremos, una especie de vacío.

Piso doce, dice la máquina con voz de mujer. Uno baja, delante de uno está la maqueta del edificio. Siguiendo la escala de la maqueta, uno debe medir menos que la uña de un pulgar, o de un dedo meñique. En la maqueta se ven los doce escalones, los ocho más, la entrada. La calle Hipólito Yrigoyen. El cartel de la esquina. Y ahí, en el cartelito indicador, ubicado en el cruce, con letra diminuta, casi imperceptible, figura la calle Alcina.

Sunday, June 29, 2008

Una palabra

Mientras dormía, se me clavó en el oído una palabra.

Desperté asustado; qué querría decir esa palabra.

No pude escucharla. La sentí moverse inquieta, deslizarse por los conductos de la oreja, dar vueltas sobre sí misma.

Me hizo cosquillas; tuve escalofríos. Me dio gracia; temí volverme loco de repente.

Qué querría decir esa palabra.

Moví la cabeza, como cuando salgo de la pileta con los oídos tapados de agua clorada. Pero no sirvió.

Pregunté si no sería un bicho, una mosca imprudente, un mosquito. Respondí, es sólo una palabra de siete letras, tres sílabas.

Me levanté, prendí la luz, fui al baño, me miré en el espejo. No vi otra cosa que las marcas, dos ojeras negras y pronunciadas, bajo los ojos acuosos. Resignado, volví a la cama.

Me reconfortó pensar que, tal vez, la palabra formara parte de un poema. Un poema anónimo que, de a poco, se esté escribiendo dentro de mi oreja. Un poema, quizás surrealista, tal vez visceral, que se completará, de forma inaudible, en cuanto cierre los ojos y vuelva a dormir.

Tuesday, June 24, 2008

Seducido

La escritura tiene mucho de seducción.

Y cuando uno está seducido, cuando se deja llevar, se relaja y, casi, no lee. Sólo disfruta, pasa los ojos, disfruta, por encima de las letritas.


"Así que le regalé un par de pantalones viejos, que le iban tal vez un poco demasiado ajustados pero que le encantaron, tres camisas nuevas que mi mamá me había comprado hacía poco y una noche, después de salir del trabajo, fui hasta una zapatería y le compré unas botas".

Roberto Bolaño. Los detectives salvajes.

Wednesday, June 11, 2008

Nadar




Dejo el carné, así, sin “t” como indica la Real Academia Española, en la mesa donde suele estar la gorda, morocha, risa fácil, que atiende y, de vez en cuando, se fija si la revisación está vencida y sí, siempre está vencida, pero no importa, los carnés se apilan sin que nadie, menos la gorda morocha de risa fácil que pasa el tiempo hablando con el guardavidas, los controle.

Bajo las escaleras, las ojotas blancas hacen un ruido raro al tocar los escalones húmedos. Dejo la toalla sobre el caño, me descalzo. Las ojotas blancas quedan cerca de otras ojotas, pero verdes y de nene. Llevo las antiparras negras, camino unos pasos, en el borde me agacho. Siempre entro a la pileta por la parte profunda. A pesar de que todos entran por la parte baja, no encuentro motivos para cambiar así que sigo como empecé, entrando por la parte profunda. Nadie me dice nada, el guardavidas habla con la gorda morocha que no revisa los carnés.

Me tiro. El agua está entre tibia y fría, pero la sensación al sumergirme supera cualquier análisis de temperatura. En posición vertical, muevo las piernas como las movería una rana en caso de querer ponerse antiparras y, para no ser menos que un simple batracio, me pongo, yo también, los anteojos, acuáticos y sin aumento.

Me impulso con los pies, empujo la pared de venecitas celestes y nado, muevo los brazos y las piernas en forma circular, pienso, nunca me olvido: la parte baja corresponde a largos impares, mientras que la profunda, donde nunca hay nadie, a la de números divisibles por dos.

Nado y nado y nado pero no me canso como me cansa correr, nado pecho, aunque en un momento me aburro o me falta el aire y tengo que parar, suelo hacerlo en la parte profunda, donde nadie para y estoy solo y puedo agarrarme del borde, meter la cabeza, soplar y ver las burbujas subir a la superficie, como si el agua de la pileta hirviera o el cloro reaccionase, mediante compleja combustión, con la saliva de mi boca.

Quizás sea la hora en la que voy, tal vez la época del año, no muchos nadan conmigo. De vez en cuando, una vieja, agarrada a un salvavidas, flota vegetal y simula ser un camalote que obstruye el camino entre la parte baja y la de los números divisibles por dos.

Voy, vengo y cuento los largos como si ese número, sesenta, ochenta, cien, importara para algo más que para poder decir, al final del recorrido, hoy, viernes seis de junio, nadé, en total, unos dos mil quinientos metros. Cuento los largos y trato de no equivocarme, como si llegar a un número divisible por diez fuera una especie de proeza, hazaña o meta a cumplir. Creo, lo decido ahora, mientras escribo, que la próxima vez, luego de ir y venir entre la parte baja y la de los números divisibles por dos, terminaré el recorrido obviando el exacto e infalible sistema decimal.

Saturday, June 7, 2008

Hoy

“Para mí: cuanto más regalos te llegan, peor periodista sos.

Aunque, ojo, eso no quiere decir que si recibís pocos seas bueno”.


Apreciación periodística: viernes por la tarde, redacción zonal.

Monday, June 2, 2008

El hombre que inventó el celofán

*Por García Márquez


En Zurich, a los 82 años de edad, acaba de morir uno de los grandes benefactores de la humanidad: Jacques Edwin Brandenberg, químico suizo, inventor del papel celofán. Como homenaje a él, eliminamos emocionadamente las comillas y escribimos: papel celofán, sin las muletas que le han servido a esta palabra para transitar por el idioma castellano, cuyos académicos envueltos en papel celofán, no se han dignado entregar las cartas credenciales a su propia envoltura.

Jacques Edwin Brandenberg ha muerto, sin pensar acaso que a él debe la humanidad algo más poético que una sustancia impermeable. Su hermosa imaginación de sabio interesado en encontrar una luminosa materia que sirviera para envolver los bombones, descubrió el maravilloso secreto para civilizar el vidrio. Tal vez los académicos de la lengua castellana hayan tenido razón al vacilar en la legitimación del papel celofán, porque acaso el celofán no sea papel sino sencillamente vidrio; vidrio dócil, manso, domesticado, puesto al alcance de las manos y la imaginación de los niños.

No se puede concebir que alguien haya inventado el papel celofán sin relacionar automáticamente ese invento con una mentalidad infantil. Sólo la curiosidad de ver el interior de las cosas, de conocer el contenido de los aguinaldos sin necesidad de estropear su envoltura, pudo sugerir a un sabio suizo la idea de que los objetos fueran envueltos en vidrio, que era la única manera de conservar en ellos el hermoso atractivo que tenían en los escaparates, antes de ser comprados. No es posible pensar en la utilidad y al mismo tiempo en el papel celofán. Esto último es la fantasía, una necesidad de juguete que permite llevarse a casa los objetos con vitrina y todo, como lo soñaron los niños de todo el mundo antes de que se inventara el papel celofán.

Por eso Jacques Edwin Brandenberg es una gloria de la humanidad. Por haber creado una útil y muy higiénica realidad de mentirijillas, al lado de la realidad verdadera que sirve para muchas cosas menos para que sean más bellos los bombones. El autor de semejante prodigio, muerto ayer, merece que su cadáver sea conservado a la vista de las generaciones futuras, no en un suntuoso ataúd de cedro, sino en una transparente, impermeable y gloriosa envoltura de papel celofán.

Saturday, May 10, 2008

Miedo

Le toco el timbre.

Espero. El piso del palier tiene azulejos rojo fuerte, como el color del tuco cuando hierve. Las puertas son beige y alguien, con una llave o algo con punta, escribió “Marisa” en letras desprolijas.

Claudia abre y dice “hola”. Tiene los dientes separados, la típica mirada vacía de las putas y una cadera ancha, dos veces la mía, con un jean de tela azul, que parece, va a explotar y que me hace pensar cómo carajo pude estar tanto tiempo calentándome con los gemidos de esta mujer, una de las más feas que he visto.

—Soy el vecino de abajo —digo.

Ella cambia la cara, de a poco, le aparece una mueca de miedo y ahora que escribo, busco la palabra, y encuentro: contorsión del rostro, generalmente burlesca.

No.

Su rostro no se contorsionó (no hizo movimientos anómalos del cuerpo o de parte de él, que originan una actitud forzada y a veces grotesca).

Ella sólo puso cara de miedo.


Y no me gusta dar miedo así que le extiendo los $ 300, que agarra con temor, y digo chau, bajo las escaleras saltando escalones de dos en dos, como si estuviera apurado, pensando en que este blog agoniza y en cómo uno inventa a las personas, las imagina, las crea y vuelve a armar de acuerdo a su gusto e independientemente de la apariencia y el accionar, como si fuesen muñequitos de plastilina o bolitas de pan, de esas que comía en la casa de mi abuela, una detrás de otra, antes del tuco.

Wednesday, May 7, 2008

Requiescat in pace


En este número de Brando, Ø, en blanco y negro, muere asfixiado por su ego.

Thursday, April 24, 2008

Mariposas*




Hace más de 20 siglos, el filósofo chino Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Su problema fue que, al despertar, no sabía si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que soñaba ser un hombre. Hoy, en SM, lejos de soñar, hay un hombre, AV, que colecciona mariposas, aunque quizás, y él no lo sepa, los más de 70.000 lepidópteros que tiene en las vitrinas de su museo sean filósofos chinos soñados, día a día, por coloridos insectos voladores.

A los seis años, V juntaba bichos, escarabajos y todo lo que encontraba. Sus padres le construyeron un laboratorio donde, precoz, hacía taxidermia de pájaros y de reptiles. Sin embargo, no lo duda, su pasión son las mariposas. Tiene miles. Las ordena, clasifica: Pasa tardes observándolas “para descubrir nuevos detalles”, pero, lejos, lo que más le gusta es cazarlas.

V dice “cazar mariposas” como si estuviera hablando de ciervos, pumas o jabalíes. Sin embargo, pese a lo que uno puede pensar al verlas volar delicado, atraparlas no es una afición tranquila. Además de vestirse como si fuera a un safari en busca de leones, el hombre —bermuda caqui, camisa clara, medias tres cuartos— debe atravesar pantanos, escalar montañas y sufrir los embates de sanguijuelas, víboras y especies desconocidas.

V habla poco. Muy poco y responde a cada pregunta con frases cortas, una o dos palabras entonadas fuerte, como si en vez de contestar, diera una orden terminante.


¿Estuvo alguna vez en una situación peligrosa?
Amazonas.

¿En qué año fue?
No recuerdo. No importa.

Dice conocer todas las especies que existen. Dice que con ver volar una mariposa, se da cuenta de si es una Morpho epistrophus, una agria Prepona o un ejemplar inédito. También dice que descubrió tres nuevos ejemplares, uno en Salta y dos en el Amazonas. Además, dice ser el único argentino con un permiso para cazar lepidópteros emitido por la organización internacional CITES. Sin embargo en, CITES, también con frases cortas y concretas, dicen que nunca oyeron hablar de un tal V.

La almohada de V debe tener olor a naftalina porque V, todo el día, toca “de forma muy delicada” las suaves alas de mariposa y pone, debajo de cada insecto, una de esas pelotitas blancas, volátiles y olorosas, que llenan con su ácido perfume la piel, los libros, la ropa y hasta el pelo de quien se les acerca.


**

En la guía ilustrada que V publicó hace dos años “para la identificación de ejemplares diurnos y nocturnos de la Provincia de Buenos Aires”, escribe: “Es improbable que las mariposas, al igual que todos los insectos, sientan dolor debido al rudimentario cerebro que poseen , ya que actúan instintivamente ante cualquier agente externo que les signifique peligro (?). No obstante ello, si el objetivo es sacrificar un ejemplar para conformar una muestra de estudio, el accionar está justificado”.


Luego de atraparlas y asesinarlas sin dolor, V las desinfecta y deshidrata. Cuando están listas, las clasifica y expone en vitrinas, donde, por mucho tiempo, las mariposas, pequeños lepidópteros, podrán seguir soñando que, en realidad, no son más que filósofos chinos atravesados por la punta de un alfiler.


* Nota publicada (o casi) en el increíble mundo zonal.

Wednesday, April 9, 2008

No bajemos la persiana

“Tres cosas para escribir como se debe: no reprimirse, saber contar lo que no se reprime y atreverse a llegar hasta el final, sin que te importe lo que diga tu portero, tu mina, tu vieja, tus amigos o el tipo que te pasa los tomates”.


Fogwill, en la nota del amigo Roka Valbuena, en Crítica del domingo.

Sunday, March 30, 2008

No me mira, me miro en su mirada

La puta duerme, debe dormir, y yo escribo, frente al monitor, mientras Regina Spektor suena de fondo y, violenta, me angustia el pecho como si dentro, apoyadas sobre el corazón que late desagradable, tuviera dos o tres sanguijuelas oscuras y gelatinosas.

Varias veces, desde que empecé el blog, me preguntaron por qué no subía, le tocaba el timbre a Claudia y le proponía que fuera una especie de amiga sexual, pagando o sin pagar.

“Te queda cerca”.

“Si le decís que te inspiraste en ella, no te va a cobrar”.

“Después, vas a poder escribir lo que pasó”, dijeron.

Pero no subí.

La gente suele ser mucho más interesante cuando la escriben.

Uno suele ser mucho más interesante cuando lo escriben.

Sólo algunas pocas, muy pocas personas, son más interesantes en vivo que en letritas. Son personas ficticias. Duran poco. Uno las crea, las inventa, modifica y las vuelve a armar como si fueran muñecos de plastilina.

Lo bueno es que, la mayoría de las veces, sin son suaves y transparentes, las personas ficticias, al igual que los señores de plastilina, se pueden recomponer.

Claudia es la segunda puta. La primera no lo era. Lo había sido una vez, quería probar qué se sentía o algo así.

“En el centro de un ojo me descubro;
no me mira, me miro en su mirada.
Se disipa el instante. Sin moverme,
yo me quedo y me voy: soy una pausa”, escribe Octavio Paz.

Debe ser romántico noviar con una puta.

Romántico: dícese “sentimental, generoso y soñador”.

Y la puta duerme, debe dormir.

Thursday, March 27, 2008

30 segundos




Domingo. Tres de la tarde. Aeroclub de Lobos. Cerca del mostrador, un hombre que lleva un celular colgado del cuello nos dice los precios del salto de bautismo:
$ 390 simple, $ 560 si tenemos ganas de que un paracaidista filme nuestra caída.

No pregunta por posibles problemas de salud, antecedentes cardíacos, ni historial de epilepsia. Sólo quiere saber el nombre de pila de cada uno. Anota algo en un papel y nos hace un gesto para que lo sigamos. "El avión es ese", dice y señala un Cessna, blanco con rayas celestes, quieto sobre el pasto. Nos presenta a los instructores. "Al saltar, pongan las manos sobre el arnés y traten de flexionar las piernas hacia atrás", indica mientras ajusta el equipo. No explica qué hacer si pasa algo, si el instructor se desmaya, las cuerdas se enganchan o hay un accidente. Tampoco pregunta si creemos en Dios.

Durante los casi 25 minutos que tarda la avioneta en subir a 3.000 metros, desde donde se salta, es difícil no pensar en la muerte. Nadie habla. Todos escuchamos en silencio el ruido del motor del Cessna. ¿Qué probabilidad hay de que el paracaídas falle? ¿Mi cuerpo soportará una caída a 200 km/h? ¿Serán seguros los equipos? ¿Quién se hará cargo en caso de accidente?

De cualquier modo, sabés, en ese momento se trata de no pensar, se trata de creer que todo va a salir bien. La decisión de hacer el salto la habías tomado abajo. El riesgo existe: no sabés en qué porcentaje de la estadística entrará tu caso. Le estás cediendo la vida a una persona que no conocés. Si uno racionaliza, se queda en tierra tranquilo: leyendo un libro o escuchando, relajado, un tema de Pulp.

El análisis de la situación termina de golpe cuando el instructor dice: "Después de que yo abra la puerta, apoyá los pies en el escaloncito y dejate caer". Y la puerta se abre y mirás para abajo, apoyás los pies en el escalón, y ves campos de miles de hectáreas reducidos al tamaño de una moneda de cinco centavos. Es un segundo en el que no hay posibilidad de duda. Cuando querés darte cuenta, el paracaidista ya saltó y, con él, estás cayendo al vacío. Atravesás una nube y, por unos instantes, ves blanco, todo blanco, mientras gritás extasiado. Mucho aire. Son 30 segundos en los que no podés pensar: 30 segundos de placer intenso que, si todo fuera bien, si hubiera legislación, controles y la seguridad de que nada fuera a fallar, deberían formar parte de la vida de cada uno de nosotros.


Publicado (o casi) en Clarín Sociedad, el 28/3/2008.

Sunday, March 23, 2008

"Con el tiempo te olvidás"

"El primero fue muy difícil porque estaba de rodillas, rogando, llorando. Pero si no lo mataba, otro me mataba a mí.

La segunda vez, resultó un poco más fácil. Es como dicen por ahí: si matás una vez, matás muchas veces. Hay que ir perdiendo el miedo.

Después de hacerlo, una se queda temblando. No podés comer, ni dormir, ni hablar con nadie. Te encerrás en vos misma. Pero con el tiempo te olvidás".

Testimonio de una asesina profesional, en una nota de Jason Howe, publicada en The Independent

Thursday, March 20, 2008

Día poético

Quizá porque sabés
cómo te pienso y te enumero.
Después de todo, la nostalgia existe,
aunque no lloremos en los andenes fantasmales,
ni sobre las almohadas de candor,
ni bajo el cielo opaco.

Yo nostalgio,
tú nostalgias.


Mario Benedetti

Friday, February 15, 2008

Ø, personaje de ficción



"La entrega de premios transcurre sin incidentes, salvo el menor protagonizado por un colega periodista que ha corrido la maratón desnudo, como corresponde, pero ahora, ante la descontrolada profusión de fotógrafos que rodean el podio, se ha calzado un short azul brillante y se aferra a él cual náufrago a salvavidas. De nada vale que los organizadores le aseguren que solamente quienes den su permiso serán fotografiádos (debo admitir que yo también me he plegado a la medida del shorcito, y no sólo por solidaridad gremial: el asunto de las fotos se ha desmadrado): subiéndoselo hasta las tetillas como un anciano repite: `Yo subo, pero así. Así, no hay problema. Si quieren que suba, subo así`, y de ahí no lo sacan. Se queda abajo, claro".



Fragmento de la nota "Los desnudos y los textiles", de Carlos Gamerro, publicada en el diario Perfil el 23/12/2007. (Cobertura del Segundo Encuentro Naturista Latinoamericano, en Córdoba).



En la foto: Ø, anónimo, oculto detrás del séptimo corredor, empezando desde la izquierda.

Wednesday, February 13, 2008

Ni un haiku, ni una paloma

No sé si hay diferencia entre poner el saquito de té una vez que el agua hierve o hacerlo cuando está fría, justo después de llenar desde la canilla el jarro azul. Suelo preferir la segunda opción: por comodidad solamente.

Ella no vino. Era obvio. Volvió a aparecer el tipo de traje azul que podría ser abogado, escribano, contador o proxeneta con buenos modales y comentó: “Ahora, Claudia no va a hablar con usted. Pero le ofrece, como una atención por sus disculpas, una retribución a cambio de los trescientos pesos”.

— ¿Eh?

— Un regalo de la casa —siguió sin prestarme atención, aunque frenó en la última letra y no dijo “casa” sino “cas”, pero quedó entendido—. No tengo especificidades. Lo único que podría decirle es que, con el debido respeto, la señora es puta. No espere un regalo de mimbre, un haiku, ni una paloma…

— ¿Y entonces? ¿Qué hago? ¿Subo?

— Primero consiga los trescientos pesos. Una vez que los tenga, llámeme a este número —y me dio una tarjeta

— ¿No es un poco rebuscado todo esto?

— No se olvide que la última vez usted actuó como un enfermo...

— Y si me tiene miedo… ¿Cómo me va a retribuir?

— Yo no sé si usted la conoce… Pero le aseguro, y se lo digo por experiencia personal y cárnica, que en su cama… Lo que menos tiene ella es miedo.

Y yo, desorientado, me cuesta ser mala persona cuando estoy contento, le ofrecí al tipo un té.

— Le agradezco —dijo y me cerró la puerta en la cara como si yo estuviera afuera y él dentro de mi casa. Me dejó descalzo mirando la madera, pensando en Claudia y en su retribución.

La tarjeta tenía el dibujito de un teléfono rojo, amarillo furioso, y una inscripción, en letras negras, que decía “Juan Carlos Ortuvey, contador y gasista matriculado”:

Saturday, January 19, 2008

$ 300

Claudia me tiene miedo. Lo sé porque no vino a tocarme la puerta, dos golpes secos uno detrás de otro, sino que mandó a un tipo de traje azul que podría ser abogado, escribano, contador o proxeneta con buenos modales.

Señor, dijo el hombre sin notar que la palabra contrastaba con mi aspecto: musculosa blanca raída y bóxer gris, pelo desordenado, cara somnolienta; le vengo a informar que le debe quinientos pesos a la inquilina del tercero C por la puerta que destruyó la semana pasada. Debo decirle, siguió, que el consorcio no se va a hacer cargo de ninguno de los daños por usted producidos por lo que, mi clienta, lamenta tener que exigirle que pague con la máxima prontitud posible.

Después habló de otra cosa que no escuché. Me quedé pensando en el uso de la palabra prontitud: la relacioné con prontuario e imaginé un traje a rayas hasta que el tipo estiró el brazo y me dio una factura que agarré sin entender demasiado.

Y yo que la primera vez que escuché a Claudia me imaginé desnudo boca arriba en una cama de dos plazas, con ella, morocha, pelo frío, sobre mí, cabalgando desbocada. Y yo que meses después de esa imagen, sexual y gratuita, le debo a una puta, sin siquiera conocer el olor de su cuello, trescientos pesos por haber tratado de salvarla de un imbécil.

— Pensé que la estaban lastimando… —reflexioné en voz alta.

—¿Quién le contó eso?

—No sea idiota —me salió—. ¿O antes de cagarlo a trompadas a usted le avisan por telegrama?

El tipo esbozó una de esas sonrisas que se saben incorrectas y tratan de ocultarse pero terminan generando ganas irracionales de explotar en carcajadas. Tosió.

—Le agradece eso. Pero tiene miedo. Piensa que usted está loco. En vez de romper todo podría haber llamado a la policía, o tocar el timbre, o gritar.

—No sé cuánto conoce a su clienta. No sé si es cliente a la vez, pero mi sentido común indica que, a menos que Claudia tenga un arreglo con los chicos de la Comisaría 31, si yo llamaba al 911 ella podría haber tenido problemas.

Se me ocurrió enumerarle —al hombre de traje azul— la resaca angustiosa, el dolor de cabeza, la acidez intensa, el viejo del alquiler, las discusiones con Marta por la tenencia de los chicos y el millón de hijos de puta que no paraban de generarme problemas, pero intuí que no iban a interesarle mucho.

—¿Me deja que le vaya a pedir disculpas? Puede ser por teléfono, si le parece.

—Voy a hablar con ella. Bajo en un rato y le aviso —me dijo el tipo, se dio vuelta y subió la escalera a los saltos pisando un escalón sí, un escalón no, como si estuviera apurado, como si mi pedido hubiese sido realmente importante y no le interesara arrugar su traje de abogado, escribano, contador o proxeneta con buenos modales.